Dios, fuente de perdón y salvación

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 13/03/2021 - 11:10am
Edicion
516
P. Héctor De los Rios L.
 

VIDA NUEVA

En nuestra peregrinación de 40 días hacia la Pascua, nos encontramos ya, en el cuarto tramo, en el cuarto Domingo de Cuaresma. La Pascua, hacia la que caminamos, es la gran fiesta de nuestra liberación. La Palabra de Dios nos invita a ser conscientes de nuestra redención, a vivir alegres por ello y a ser portadores de esa alegría y esperanza a los demás. Al mismo tiempo también se nos invita a evaluar nuestra situación ante la realidad de la Semana Santa: ¿nos preparamos para vivirla esperanzadamente, responsablemente?; ¿serán unos días como los del resto del año? Cada uno de nosotros debe dar la respuesta que estime más sincera. Una vez más, en este cuarto domingo de Cuaresma, pedimos al Señor que perdone nuestros pecados: - Nadie puede negar los pasos formidables de progreso en los campos científicos y técnicos. Pero nuestro progreso moral, lamentablemente, no corre a la par que nuestro progreso científico. No podemos negar que con nuestro progreso hemos cometido crímenes. Miles de víctimas inocentes nos acusan y no sabemos a quién dirigir los ojos.

Todos nosotros, hombres y mujeres, necesitamos ser perdonados. Pero ¿quién es capaz de reunir los gritos, los sufrimientos, los dolores de todos los hombres aplastados y perdonarnos? Sentir hambre y sed de salvación; ser conscientes de nuestra necesidad de perdón, es la primera gracia de Dios. Levantemos los ojos y esperemos. Dios es perdón y salvación.

Lecturas:

2Cronicas 36, 14-16. 19-23: «Quien de entre Uds. pertenezca a su Pueblo, sea su Dios con él »

Salmo 137(136): «Que se me pegue la lengua al paladar, si me olvido de ti, Jerusalén»

Efesios 2, 4-10: «Dios nos ha creado en Cristo Jesús»

San Juan 3, 14-21: «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo»

Lección de la historia de Israel

Al leer, en el libro 2o. de las Crónicas, los recuerdos de la Historia Sagrada en tiempo cuaresmal podemos poner de relieve dos lecciones: a) La llamada que nos hace Dios al arrepentimiento. Los castigos que Dios envía o permite a individuos y naciones son invitaciones misericordiosas a conversión. La constante histórica de Israel: pecado - castigo - conversión - perdón, deben ser también aviso para el «Israel de Dios», es decir, para nosotros, la Iglesia de Jesucristo. b) Ciro, por su gesto de libertador de Israel, es en boca de los Profetas «Tipo» y figura del Mesías Libertador: «Así dice Yahvé a su Ungido («Mesías», en hebreo y «Cristo», en griego) Ciro, a quien he tomado de la diestra»  «Es mi amigo; realizará mis planes: yo le he llamado». Por tanto, para los Profetas que interpretan teológicamente la Historia, Ciro, que libera a los judíos de la cautividad de Babilonia para que retornen a la Tierra Prometida, es un logradísimo Tipo y prenuncio del Ungido, el Mesías, que será el Libertador verdadero, pleno, definitivo.

El esquema de la alianza está claro:

a) El Pueblo se olvida de Dios y se aparta: es el pecado del pueblo b) La consecuencia es que el ese Pueblo siente el castigo de Dios, que se aparte de ese Pueblo que no quiere acoger su Alianza... c) El sufrimiento por el abandono suscita en el Pueblo el arrepentimiento que lo lleva a clamar a Dios y solicitar su misericordia y su perdón: el Pueblo se arrepiente y busca purificación - d) Dios se compadece y envía un libertador... Dios muestra misericordia aún en el castigo, siempre y cuando el Pueblo sepa  aprovechar la oportunidad brindada por Dios: la conversión...

Para nosotros hoy

Nos acercamos a la gran fiesta de la Pascua, celebración de la muerte y la resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios. Es el acontecimiento central de la historia del hombre. Acontecimiento actual, vivo y dinámico en nuestro tiempo. No es la mera evocación de un hecho que pasó hace más de dos mil años, que se perdió en el pasado, y que sólo con nostalgia y admiración recordamos. Las lecturas de la Palabra de Dios que hemos escuchado nos iluminan sobre la significación de ese acontecimiento.

Mirar al Crucificado

Tenemos alguien a quien dirigir nuestras miradas. Una cruz, la cruz de Jesús, una la historia. En el nuestra soledad y abandono han sido rotos. No es la cruz el signo de la venganza de un Dios justo, sino el grito de un Dios amor que lo entrega todo, que se vacía por amor a nosotros y esto carece de toda explicación. El signo de salvación, del amor total ha aparecido en la Historia. Mirarlo con fe es nuestra salvación. Unirse es comprometerse en el amor de la cruz. Si él nos amó, nosotros debemos amar; si él dio la vida, nosotros debemos darla. Esto explica nuestro miedo a mirar la cruz. Mirar es nuestra muerte y la luz del Señor nos hace daño en nuestros ojos egoístas y negativos. - Abrirse a la fuerza de la cruz es salvación; cerrarse es nuestra condena. No es Dios quien nos condena, somos nosotros los que nos condenamos. Cerrar los ojos a la luz es condenarse.

¿A QUÉ NOS COMPROMETE la PALABRA?

Ya próximos a la celebración de estos misterios hagamos una pausa en la vida y reflexionemos. Ojalá tengamos la capacidad de asombro para contemplar este misterio. Sintámonos amados por Dios el Padre hasta lo increíble al darnos a Jesucristo, su Hijo, al hacer que entremos en su misterio y en él vivamos nuestra condición de hijos. Nuestra vida puede cambiar y transformarse a impulso de ese amor divino. Amor que recibimos y compartimos con todos aquellos que hacen parte de nuestra vida, sin distingos ni fronteras. Es el llamado urgente que el Padre Dios nos hace en este final de la cuaresma. Digámosle que sí con todo el corazón, Carecemos de fuerzas para vivir la vida de Dios. Una y otra vez comenzamos el camino y nos cansamos. ¿No será que tenemos demasiada fe y confianza en nosotros? Dios es quien salva y perdona. Nuestra máxima exigencia es la fe, confiar en el Señor, el único que es capaz de salvar. Pecar es desconfiar de Dios y apoyarnos en nosotros. Creernos los únicos  justos que pueblan la tierra... juzgar duramente a nuestros hermanos... no necesitar de Dios. ¿Es así nuestra vida? Pidamos perdón

Relación con la Eucaristía

Eucaristía es acción de gracias. En ella se nos manifiesta diariamente que «tanto amó Dios al mundo que nos dio a su propio Hijo». Descubramos en la Eucaristía la gratuidad del don de Dios y encontremos en Él nuestra salvación.

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