Biden y la política exterior norteamericana

Por Jean Nicolás Mejía H el Sáb, 13/02/2021 - 10:53pm
Edicion
512

Jean Nicolás Mejía H

Profesional Ciencias políticas - Pontificia Universidad Javeriana Bogotá. 28 años,  Máster en cooperación internacional y organizaciones internacionales de la Universitat de Barcelona


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La diplomacia está en el centro de nuestra política exterior

“Estados Unidos ha vuelto. La diplomacia está en el centro de nuestra política exterior”. Estas son las palabras que constituyen el eje central del discurso del nuevo presidente de Estados Unidos, Biden, sobre la política exterior en su gobierno. Y aunque de manera general no aparezca Latinoamérica en sus tres ejes centrales, paradójicamente esta puede ser la oportunidad para que la región avance del estancamiento en el que se encuentra.

Fue claro en discurso en materia; como primera medida rompe completamente con la línea de Donald Trump, pues pretende reestablecer el liderazgo en materia de cooperación internacional, una participación más multilateral en los distintos escenarios y reconstruyendo las alianzas “bajo la interacción con nuevo mundo”, pensando en función del futuro. 

Su segunda línea; el discurso sobre los actores del sistema. En casos como Rusia y China, un tomo que vuelve a ser duro con el gobierno de Putin, y estricto con el rival comercial. Biden reconoce las llamadas injerencias rusas en la política y en las elecciones presidenciales en Estados Unidos como un acto de provocación y enfatiza que tomará las medidas para que no suceda, a la vez que reprochó las tácticas comerciales abusivas de China en el sistema comercial para beneficiarse – la guerra comercial entre China y EE. UU.-. Llama la atención que se haga una denuncia a violaciones de derechos humanos a casos como el de Myanmar y el golpe de estado reciente.

Y finalmente, el establecimiento de lineamientos diplomáticos para construir canales de trabajo efectivo, porque Biden plantea algo interesante: trabajar efectivamente en cooperación diplomática a nivel internacional, garantizar la seguridad del pueblo estadounidense. La política norteamericana ha liderado tradicionalmente la diplomacia en el sistema internacional y el establecimiento de canales diplomáticos para formalizar aliados, una esencia que en los últimos años se ha ido perdiendo y que Trump terminó deteriorando. Inclusive plantea la idea de cooperar con China y Rusia en materia diplomática si esto es beneficioso para regularizar el sistema internacional.

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Y finalmente, el establecimiento de lineamientos diplomáticos para construir canales de trabajo efectivo

Sin embargo, Latinoamérica no aparece mencionada en ninguno de los tres ejes, exceptuando Mexico y lejos de sembrar dudas, plantea respuestas: puede haber cierta autonomía en la región, y esto daría la oportunidad de afianzar alianzas entre países latinoamericanos, oportunidades integrarse más en el mundo comercial y salir del estanco en el que se encuentra

La primera razón por la que se da esta oportunidad es porque hay una ruptura en la tradicionalidad relación de dependencia que siempre ha tenido la región de Estados Unidos, de algunos países más que otros. Durante la configuración del sistema internacional en el siglo XIX, hubo mucho intervencionismo de EE. UU. en prácticamente todos los países de la región, apoyando en casos como Brasil, Argentina, Chile a los regímenes autoritarios de alguna manera, e intervencionismo militar como en Costa Rica, Honduras, Nicaragua, por nombrar algunos casos.

Durante el periodo de la guerra fría, el país norteamericano consolidó un modelo de intervención directo regional, financiando bandos en conflictos armados, sosteniendo dictaduras y siendo partícipe de la caída de presidentes. Esto generó una relación de dependencia relativa posterior en términos de alianzas diplomáticas, acuerdos económicos y apoyo y financiación de ciertas políticas. Luego está el caso particular de Colombia, que ha configurado su relación de dependencia directa en materia económica, comercial y de lucha contra el narcotráfico.

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Le permite encontrar alianzas regionales a nivel político, lo que exige líderes actuales

Precisamente, Biden está marcando una relativa desnaturalización del interés permanente de EE. UU. en Latinoamérica, para atender a las dinámicas de “ese nuevo mundo” del que habla, y ese estancamiento en el que se encuentra Latinoamérica le ausenta de protagonismo de esas dinámicas actuales del sistema, pero eso mismo le permite plantearse y redefinirse – reconfigurarse- como región. ¿hacia donde van las alianzas latinoamericanas? ¿cómo los gobiernos van a cooperar con otros a nivel regional? ¿se integrará más la región a las dinámicas comerciales del pacífico y las nuevas rutas comerciales asiáticas?

Le permite encontrar alianzas regionales a nivel político, lo que exige líderes actuales que empiecen a buscar sintonía política, en vez de conflictos ideológicos. De encontrar un ecosistema comercial regional potenciado por alianzas ya existentes, como la Alianza del Pacífico, y le plantea la oportunidad de negociar con nuevos socios internacionales sin la presión a conveniencia del país norteamericano.

La segunda razón por la que es una oportunidad para Latinoamérica es precisamente porque las dinámicas del sistema internacional actual, que bien denomina Biden como “nuevo mundo”, permiten que el bajo perfil de la región latina sea un poco más autónomo. La convulsión permanente que ha sufrido el sistema internacional contemporáneo ha girado en torno a tres causas:  reconfiguraciones del sistema económico y comercial, conflictos armados y disputas políticas.

Observar las competencias comerciales internacionales –las grandes alianzas comerciales como las de Asia Pacífico, el surgimiento de China como potencia económica y comercial, y el auge de empresas tecnológicas que dominan los mercados-; a los diferentes conflictos internacionales de los retos del siglo XXI: terrorismo de oriente medio, Irak y Afganistán y las guerras esta región del mundo -Yemen-; y peleas políticas como Europa contra Rusia, Estados Unidos contra Corea del Norte, y China con sus vecinos regionales.

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Como Latinoamérica no ha respondido de manera favorable a las contracciones del sistema

Como Latinoamérica no ha respondido de manera favorable a las contracciones del sistema, estancándose en sus propios asuntos locales y no participando de los asuntos internacionales, y naturalmente no es un foco de interés permanente  global, inclusive cuando las oportunidades siempre están.

Con un vecino norteamericano preocupado por atender sus propios asuntos internos y ocupado en sus proyecciones exteriores propias, Latinoamérica puede ver una esperanza en la posibilidad de no sentir la permanente presión que ha sentido desde el norte.

Sin duda alguna son grandes y complejos retos, que probablemente la región no está lista para asumir de manera inmediata, pero que, con la conciencia del escenario planteado y la visión necesaria, sembraría correctamente las semillas para que, en un futuro a medio y largo plazo, se cosechen oportunidades de oro para la región. Por ello, nos preguntamos ¿Es el amanecer de Latinoamérica?. Después de todo, Latinoamérica puede ser la región más pobre, pero sigue siendo la más rica.

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