Los leñadores del Dagma

Por Nicolas Ramos Gómez el Sáb, 12/12/2020 - 6:35pm
Edicion
503

Nicolás Ramos G

Ingeniero Civil , ex gerente de Emcali y ex Presidente de la SMP


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Es triste ver que cuando la ciudad y el mundo necesitan miles y miles de árboles para detener el creciente, mortífero y dañino calentamiento global

Es triste ver que cuando la ciudad y el mundo necesitan miles y miles de árboles para detener el creciente, mortífero y dañino calentamiento global, el DAGMA, que debería estar sembrando los miles de árboles que con urgencia necesita la ciudad para mejorar el clima y la calidad del aire, tenga cuadrillas especializadas en hacer leña, antes que cuidar ese invaluable patrimonio urbano.

Es penoso observar lo ocurrido con la arborización de la Avenida Roosevelt, la Avenida Miguel Muñoz (Calle 25), la Calle 8ª y los muchos barrios de la ciudad en donde secan y talan los árboles para pavimentar las zonas verdes y convertir los andenes en ventorrillos o parqueaderos de negocios. En muchos otros quedan los troncos de los que autorizaron derribar por razones pueriles como que los ladrones se pueden subir para ingresar a una casa, o que el árbol puede caer sobre ella. Conozco varios de estos casos.

Lo ocurrido los días 4 y 5 de diciembre en la zona protectora de la Quebrada de La Sardinera (Carrera 35 A Oeste con Calle 11 B) en donde fue evidente que se destrozaron los árboles para obtener varios camionados de leña, pues estos chiminangos y otras especies no causaban el más mínimo problema, dado que no existen cables de alta tensión ni alumbrado público en ese lado de la vía. Tenemos constancia fotográfica de que ese era el objetivo de la supuesta poda: hacer leña. Es el gran negocio de esos depredadores o leñadores. Ese mismo destrozo trataron de hacerlo hace cuatro años y el Director del DAGMA de entonces asistió a la zona y lo suspendió personalmente. 

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El próspero negocio de los leñadores del DAGMA se debe suspender radicalmente para evitar el perjuicio al clima

Para conmemorar el IV Centenario de la fundación de Cali se sembraron cerca de 160.000 árboles y la Sociedad de Mejoras Públicas propone para el V Centenario que entre todos sembremos por lo menos un millón de árboles. La ciudad los necesita con máxima urgencia y el DAGMA debería dar el ejemplo y no estar tolerando su destrucción.

Ojalá resucitara Alberto Riascos Plata, el insustituible Inspector General Urbano y uno de los mayores arborizadores de la ciudad. Parece que no funciona el vivero municipal que lleva su nombre.

El próspero negocio de los leñadores del DAGMA se debe suspender radicalmente para evitar el perjuicio al clima y ornato de la ciudad. La poda debe ser prioritaria, técnica y supervisada por un experto ingeniero forestal.

El DAGMA no se puede seguir pareciendo al bien inútil Ministerio del Medio Ambiente o la aún más inútil CVC que aún no ha visto la minería ilegal y tala del bosque en los Farallones de Cali y la Costa Pacífica.   

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