La hiperconectividad digital y la geopolítica del siglo XXI

Por Jean Nicolás Mejía H el Sáb, 12/12/2020 - 5:39pm
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Los sistemas políticos siempre han establecido medios de control sobre la población con el fin de conservar sus intereses y mantenerse en el poder.

Jean Nicolás Mejía H

Profesional Ciencias políticas - Pontificia Universidad Javeriana Bogotá. 28 años,  Máster en cooperación internacional y organizaciones internacionales de la Universitat de Barcelona


Los sistemas políticos siempre han establecido medios de control sobre la población con el fin de conservar sus intereses y mantenerse en el poder. Ahora, en la era en donde la información es el arma más poderosa; la hiperconectividad a la que están expuestas las personas, las redes sociales y la recopilación de datos se convierten en peligrosas herramientas que permiten ejercer un control mucho más profundo sobre la sociedad: el control mental, y esto es tan complejo como delicado.

Los imperios, reinados y monarquías históricamente han usado diferentes mecanismos para ejercer un control sobre los ciudadanos, como mantener a la gente ignorante. La educación era un privilegio de familias nobles o de sacerdotes y religiosos, y la gran población sin acceso a la información, no se cuestiona ni pone en peligro esos sistemas establecidos. Por eso los imperios, reinados y monarquías solían perdurar en el tiempo, hasta que una persona o un grupo de personas cuestionaba el sistema.

Los métodos de control social suelen ser también tradicionalmente el miedo o la violencia. Y a pesar de que han demostrado ser relativamente eficaces, los ciudadanos han tenido cierta autonomía de decisión, pues de otra manera no habría en la historia personas y grupos que cuestionaran los sistemas de tal manera que iniciaran las revoluciones. Pero dicha autonomía que fue puesta en duda en las últimas décadas. Los extensos debates filosóficos y sociales giran en torno a las siguientes preguntas: ¿realmente una persona tiene autonomía sobre su vida y sus decisiones? ¿hasta donde llega la influencia de los medios de control?

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Las respuestas a estas preguntas perecen haber llegado con la era de la tecnología

Las respuestas a estas preguntas perecen haber llegado con la era de la tecnología. Pedro Baños, coronel del ejército español, quien ha sido jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo del Ejército Europeo de Estrasburgo, es enfático en la reflexión que hace en su libro “El dominio Mental”: Los gobiernos cuentan ahora con las herramientas para controlar la mente, por lo que la autonomía de la decisión esta influenciada por el contenido digital que se consume, entre otros factores.

Las decisiones humanas están reguladas bajo dos principios: el cerebro y la mente. El cerebro es esa parte física que procesa, y la mente la parte etérea donde se reflexiona. La convergencia del cerebro y la mente es el centro de mando del cuerpo humano, y es donde se regula absolutamente todo, pensamientos, acciones y también las emociones. El control sobre este sistema de mando del hombre, supone un control total sobre los individuos, y por ende, sobre las sociedades.

La hiperconectividad hace que los individuos estén expuestos todo el tiempo al mundo digital, y esto permite una vigilancia permanente: es posible saber la ubicación en tiempo real de alguien solo porque su dispositivo móvil este encendido. El uso de redes sociales permite compartir información privada, las búsquedas en internet dejan ver las preferencias y gustos. El rastreo de cuentas bancarias permite saber cuánto y en qué gasta una persona, y todo esto permite elaborar un perfil psicológico que, según el coronel, suele ser bastante preciso y exacto, a tal punto que estos perfiles revelan aspectos profundamente privados.

 Los usuarios de los medios digitales ignoran que toda esta información es constantemente recopilada con fines económicos, comerciales y fines políticos. Con fines económicos y comerciales porque cuando se establece un perfil psicológico de un usuario digital, los avanzados algoritmos publicitarios personalizan la experiencia de ese usuario en función de sus gustos e intereses, haciendo que influya en su comportamiento, tenga tendencias de compras y que consuma determinadas cosas. Dos usuarios jamás van a ver las mismas cosas en las redes sociales porque su uso esta condicionado a su propio perfil psicológico, y esto es una ventaja tremenda para la industria comercial, ya que por un lado se puede inferir que clase de productos o servicios son más propensos a consumirse, y de esa manera se puede influenciar e incentivar a una persona a que lo consuma o lo adquiera. Avanzados estudios de mercado con la información más precisa y completa, previa autorización de los usuarios al hacer uso de los servicios digitales de manera indiscriminada.

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En la geopolítica del siglo XXI, tener este poder de control supone el control universal de las masas

Y con fines políticos porque con el perfil psicológico de una persona, se le puede influir para que haga determinadas acciones: que solo acceda a la información terminada de contenido político, sino también influir en su manera de pensar, crear un perfil político con el cual interpretar el mundo y la sociedad de determinada forma, e inclusive influenciar al individuo para que haga determinada acción como votar; y votar por cierto candidato en específico si fuese necesario.

En la geopolítica del siglo XXI, tener este poder de control supone el control universal de las masas. Y los gobiernos pueden tener este tipo de influencia porque cuentan con los medios para acceder al perfil psicológico de los usuarios digitales; mediante la compra de la información o con sus propios sistemas de vigilancia.  Esto reconfiguraría de manera drástica el sistema internacional y la concepción que clásicamente se tiene de las fronteras geográficas, de la distribución de países en el mapamundi, de la influencia que se puede crear a nivel internacional y crear movimientos internacionales que dejan atrás la concepción de la política local.

Por eso supone un control “universal”, porque el mundo digital deformó y rompió esas fronteras geográficas; y efectivamente es posible hablar de política global: cuando un líder mundial influyente como Trump manda un mensaje determinado por su cuenta de Twitter, espera generar una reacción política en todo el mundo, y lo logra.

Las redes son el nuevo escenario en la construcción de discursos políticos que pueden ser inclusive mucho más influyentes -o nocivos- de los que ya han calado en la sociedad antes, como en la guerra fría; el capitalismo vs el comunismo, lo que ha contribuido a agudizar la eterna lucha de la derecha contra la izquierda. Las razones por las que la construcción de un discurso en el mundo digital puede ser más influyente, es primero por la carente falta de barreras en el espectro digital, la capacidad de poder llegar a cualquier público: desde niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, como a perfiles por género o determinados perfiles profesionales; por decir algunos ejemplos, es infinita.

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Todo esto es un proceso político que empieza desde el uso desmedido del mundo digital con los dispositivos móviles

Y la segunda razón es porque no toda la información en la web es real, y tampoco hay demasiados mecanismos para verificarla, cuando se tiene el interés de hacerlo. Esta es una oportunidad que aprovechan los líderes políticos y las personalidades influyente, para transmitir ideas y mensajes que pueden no ser verídicas o que busquen generar un impacto determinado.

Este es un proceso clásico de la biopolítica, el concepto que el filósofo Michel Foucault solía acuñar cuando se refería a la descripción de las transformaciones de las formas de gobierno que son modernas o van modernizándose, y que se caracterizan por “el despliegue de todo un conjunto de tecnologías, prácticas, estrategias y racionalidades políticas que tienen como objetivo el gobierno de la vida”.  El impacto de estas modificaciones influye en las instituciones. Los ejércitos, por ejemplo, ahora se capacitan y realizan operaciones de inteligencia y contrainteligencia digital, misiones de influencia y guerras de la información.

Todo esto es un proceso político que empieza desde el uso desmedido del mundo digital con los dispositivos móviles, de no asumir el uso responsable y saludable de las redes. No se trata de limitar el contenido digital para no exponer tanto a las masas, se trata de la educación digital, el uso prudente de estas tecnologías. Esto hará que sea más difícil convertirlas en herramientas de control social con fines políticos.

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