El caos creciente de la movilidad en el espacio público

Por Carlos Botero el Sáb, 09/12/2017 - 6:00pm
Edicion
346

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Por Carlos Enrique  Botero Restrepo

Arquitecto Universidad del Valle; Master en Arquitectura y Diseño Urbano, Washington University in St: Louis.

Profesor Maestro Universitario, Universidad del Valle. Ex Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle (de2012 a 2015) y Director del CITCE (Centro de investigaciones Territorio Construcción Espacio) de 2006 a 2010.


pone en evidencia limitaciones tanto de conocimiento (técnicas) como de ética ciudadana por parte de los responsables de tomarla

Parece noticia común y corriente en los diarios y noticieros radiales locales: “Concejo Municipal archiva proyecto sobre Plan de Movilidad (Integral) PIMU en Cali” (elpais.com, 07/12/2017). La decisión sin embargo tiene profundas implicaciones para un verdadero (aplazado) desarrollo urbano de la ciudad y pone en evidencia limitaciones tanto de conocimiento (técnicas) como de ética ciudadana por parte de los responsables de tomarla.

Primero, hay que aclarar el significado de desarrollo urbano: construcción permanente y sostenible de mejores condiciones de vida en la ciudad. Esta definición sirve para ciudades de cualquier tamaño y número de habitantes. Muy común es confundirlo con crecimiento que, en términos rigurosos, hace referencia al incremento de población (DANE); también erróneamente equiparado con expansión, que es el más delicioso banquete de terratenientes y grandes empresas urbanizadoras, constructoras y agentes inmobiliarios (muchas veces coincidiendo en una sola entidad).

Y aquí es necesario puntualizar: el desarrollo urbano de Cali solo será posible a partir de la definición, estructuración e implementación de los diversos planes y programas que establece el POT (Acuerdo Municipal 0373/2014). Que el gobierno municipal actual haya planteado una ruta para fundamentar el desarrollo empezando por estructurar el PIMU, Plan Integral de Movilidad Urbana, acompasado por el Plan Maestro de Infraestructura de Servicios Públicos (como quiera que se lo llame), por el Plan Maestro del Espacio Público y por el Plan Maestro de Vivienda, debe interpretarse como una clara decisión por abordar de manera definitiva un proceso que a Cali se le ha negado por la fatal discontinuidad de políticas públicas que cambian (si es que las hay) cada cuatro años.

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Es preocupante entonces que terminando 2017 el Concejo Municipal de Cali “congele” el estudio y aplace la aprobación del PIMU

Muchas veces se ha planteado que el atraso relativo de Cali comparado con otras ciudades similares en tamaño, colombianas y latinoamericanas (Medellín, Manizales, Bucaramanga, Curitiba, Rosario, Quito, Guayaquil…), se explica porque en todas las demás los planes (de ordenamiento) se mantienen y se respetan, aún con los ajustes que demanden, así cambien las orientaciones políticas e ideológicas de los distintos mandatarios a lo largo de períodos de 20 años y más.

Es preocupante entonces que terminando 2017 el Concejo Municipal de Cali “congele” el estudio y aplace la aprobación del PIMU, con argumentos tan genéricos como “falta de socialización” que más bien significa falta de estudio y limitaciones de comprensión por quienes desde las reuniones plenarias toman esta clase de decisiones.

Se quisiera pensar que en realidad les falta estudio de la propuesta y que necesitan mucho más tiempo para abordar una discusión de fondo lo cual pondría en duda la capacidad para debatir de manera argumentada los alcances de la propuesta. O puede ser la banal y perversa idea de que organizaciones o gremios con poder político hacen lobby para enterrar el proyecto porque ven (o quieren ver) en él una amenaza para sus intereses personales. Y así no habrá nunca desarrollo urbano.

no abandonarse amparados en el poder político para que, sin fundamentar alternativas, el proyecto se hunda y la ciudad se resigne al peor de sus destinos

La calidad profesional y técnica de la propuesta del PIMU presentada por la Alcaldía de Cali, con sus estudios particulares para establecer un diagnóstico actualizado y formular una propuesta de largo aliento, merece hasta controvertirse, que es éticamente necesario, pero no abandonarse amparados en el poder político para que, sin fundamentar alternativas, el proyecto se hunda y la ciudad se resigne al peor de sus destinos: el caos creciente de la movilidad en el espacio público.

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