Los muertos ajenos

Por Carlos Cuervo el Sáb, 09/11/2019 - 7:56pm
Edicion
446

Carlos Cuervo

Emprendedor y empresario con formación en Ingeniería Industrial. Desde 1984 hasta 1988 Ingeniero de sonido para el Instituto Colombiano de Ballet y la Orquesta Sinfónica del Valle, Pionero del canal de Telepacífico entre 1988 a 1992 a través de una programadora regional en donde se desempeñó como socio y director comercial. Fundador y propietario desde 1993 hasta el 2009 del restaurante y Café-bar Caffetto. Escritor y editor del blog pulso de Opinión desde mayo del 2010, y desde mayo de 2011, parte del equipo de blogs del diario Occidente de Cali. A partir de junio de 2014 colaborador de la página editorial del Diario occidente hasta el 2018. Secretario de la JAC San Antonio desde 2016 hasta enero del 2019, community manager para Antigua Contemporánea entre 2017 al 2018, asesor en procesos de consultoría de ciencias de datos para Blaucast Media desde 2018.


En  Colombia la capacidad de asombro está agotada y la escaza humanidad se evapora dia tras día ante las excesivas manifestaciones de violencia.

Cada semana hay una noticia más atroz para sustituir a otras y aumentar la deshumanización entre la población.

Como si los muertos del departamento del Cauca y la escalofriante desidia del gobierno no fueran suficiente escándalo, ahora viene un nuevo capítulo con los menores muertos en conflicto el día 30 de agosto pasado.

¿Será que nuestros altos gobernantes, periodistas amigos del régimen y los aguerridos secuaces del partido de gobierno no tienen nietos, hijos o sobrinos menores?

Porque las justificaciones de los amigos del gobierno dejan perplejo a cualquiera.

Además como sociedad anestesiada ante tanto hecho de terror y de horror nos hemos insensibilizado a un nivel que cinco indígenas y una gobernadora, cuatro contratistas de una carretera son solo un número, entre el creciente derrame de sangre en el país porque si o porque no.

O como lo menciona el mexicano Antonio Ortuño en su novela en “Fila India “Nos refugiamos en el dolor de la víctima sin reconocer nuestra capacidad como victimario”

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Evidentemente un bombardeo da pocas opciones de salir vivo

¿Tendremos como sociedad civilizada alguna oportunidad de enmendar?

Y ¿tendrá razón un portavoz del partido de gobierno en clasificar como combatiente a los menores que se encuentran entre un grupo disidente de las FARC con o sin armas a la luz del derecho internacional humanitario?

Los protocolos de Ginebra de 1977 prohíben la intervención de menores de 15 años en conflictos y el artículo siete del protocolo I de 1977 de estos convenios en su numeral cinco dice:

“No se ejecutará la pena de muerte impuesta por una infracción cometida en relación con el conflicto armado a personas que en el momento de la infracción, fuesen menores de dieciocho años”

Evidentemente un bombardeo da pocas opciones de salir vivo y además solo por el hecho de estar retenido por un agente que participa en el conflicto no necesariamente se es parte activa de él.

Igualmente el artículo ocho del estatuto de Roma dice que la Corte Penal Internacional tiene competencias en torno a crímenes de guerra que incluyan violaciones graves de derecho internacional humanitario contenidos en los convenios de 1949 o sus protocolos adicionales de 1977. Entre estas infracciones se especifica. “La utilización de niños menores de 15 años para participar activamente en las hostilidades”

El hecho ocurrido el 30 de agosto linda con las violaciones aquí descritas y deja al gobierno en situación de hilar muy delgado en temas como este o se van a exponer a denuncias delicadas a nivel internacional.

Claro no podemos condenar categóricamente al gobierno hasta que una investigación seria no lo determine, solo he analizado los términos legales a los que estamos inscritos como estado respetuoso del derecho internacional.

Pero estos menores como los asesinados del Cauca son muertos ajenos que de seguro poco importan al colectivo, solo a sus pobres familias y aunque la ciencia reafirma que todos los animales que viven en grupo están dotados para sensibilizarse ante el dolor de sus semejantes como garantía de la supervivencia. En nuestra sociedad hay demasiadas personas que muestran alta insensibilidad ante el sufrimiento de los demás.

Quizás el colombiano promedio ha perdido ese sentimiento de solidaridad, de ahí que conocidos los hechos se lamentan un poco y unos dias después todo vuelve a una pasmosa tranquilidad.

Otro síntoma de una sociedad envilecida que debe recapacitar o desaparecer.

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