La guerra comercial de la nueva década….

Por Jean Nicolás Mejía H el Sáb, 07/08/2021 - 9:00pm
Edicion
537

Jean Nicolás Mejía H

Profesional Ciencias políticas - Pontificia Universidad Javeriana Bogotá. 28 años,  Máster en cooperación internacional y organizaciones internacionales de la Universitat de Barcelona


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Si bien los acuerdos internacionales para protección del cambio climático son una aproximación diplomática para reconocer que hay el problema y ”tratar” de adoptar medidas para contrarrestarlo

Es claro que el mundo está sumergido en una crisis climática global desde hace varios años. Sin embargo la constante preocupación no gira en torno a los impactos del cambio climático, porque ya se están viviendo, -las bajas y altas temperaturas, la destrucción de los ecosistemas y la crisis de agua son algunos efectos-, sino en la poca o nula gestión política para atender el problema. Pero eso parece estar ahora cambiando.

Si bien los acuerdos internacionales para protección del cambio climático son una aproximación diplomática para reconocer que hay el problema y ”tratar” de adoptar medidas para contrarrestarlo, si los gobiernos no ejercen cambios estructurales en el sistema económico-político-social el problema seguirá  y empeorará.

La pandemia agudizó la crisis y los mercados se han estado reestructurando de manera acelerada para buscar salidas y alternativas nuevas, y una de ellas ha sido el rápido crecimiento del mercado de carros eléctricos en lugares como China y Europa y Estados Unidos, que juntos suman un incremento del 181% de venta de estos vehículos, dando un impulso a las economías internacionales y un relativo a los mercados locales y regionales.

La competición en el mercado es obviamente la dinámica principal que sigue impulsando esta industria, y la manera que ha encontrado el presidente Biden para incentivar este mercado de una manera favorable para Estados Unidos, es una estrategia osada, pero inteligente; apostarle a endurecer las reglas de contaminación - a nivel social- para forzar gradualmente la eliminación de los autos de gasolina.

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El gobierno fortalecerá las regulaciones de emisiones de escape con el objetivo de que la mitad de todos los carros vendidos en los Estados Unidos sean eléctricos para 2030

El gobierno fortalecerá las regulaciones de emisiones de escape con el objetivo de que la mitad de todos los carros vendidos en los Estados Unidos sean eléctricos para 2030. El curioso matiz es que el plan de implementación está basado en el discurso del cambio climático para incentivar un fenómeno social que lo respalde. 

Su propuesta crea una cadena de consumo productiva para la industria: una política ambiental y económica apoyada por estímulos de la política exterior, que buscan reestructurar las cadenas de suministro, generar empleo, fortalecer la industria de baterías y celdas de combustible made in USA, y posicionarse en el mercado.

A pesar de que todo esto conlleva una una intención política de reestructurar la infraestructura de transportes - que beneficia a sectores privados- para los carros eléctricos, la idea de Biden es proyectar un interés sustancial en la conservación del medio ambiente, algo que puede traerle aliados en su gobierno y también a nivel internacional. Más aún, consolidarse como el líder político que realmente hace gestión medioambiental.

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Difiere mucho de la política agresiva del Reino Unido, que el año pasado recién anunció el fin de la venta de carros a combustión para 2030,

Difiere mucho de la política agresiva del Reino Unido, que el año pasado recién anunció el fin de la venta de carros a combustión para 2030, pero ahora se habla de un adelanto de fecha, para entrar en el mercado de competición de élite de venta de estos carros. Independientemente de que el enfoque político no sea social, si genera un impacto positivo pues un gran segmento del sector económico que se fundamenta en los combustibles fósiles desaparecerá poco a poco.

De consolidarse el plan de Biden, un fenómeno social que ya se ha venido gestando ganará protagonismo y liderazgo internacional, logrando tal vez algún cambio a nivel estructural en la sociedad, como una cultura menos agresiva con los ecosistemas. La incógnita que igual queda rondando es si alguno de estos cambios servirá para el daño ya causado.

También es un poco irónico que los intereses del mercado terminen alineados con la necesidad de generar un cambio a nivel medioambiental, y que el resultado sea el favorecimiento de grandes fabricantes del estado que rápidamente pasarán a ser los líderes en la industria internacional y regirán la economía.

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