Gobiernos ilegítimos

Por Benjamin Barne… el Sáb, 07/05/2022 - 11:56am
Edicion
574

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011


En aquellos países en los que lo usual es que la mayoría se abstiene de votar, parecería paradójico que mientras los copropietarios de una propiedad cualquiera no permitan que uno de ellos disponga a su conveniencia del mismo, sean los mismos ciudadanos que permiten, al constituir una mayoría que no vota, que sea una minoría la que elija sus gobernantes en el país, su departamento y la ciudad en la que se encuentran aquellos copropietarios. La segunda pseudo paradoja es que ellos no se dan cuenta de la flagrante contradicción que resulta de que irresponsablemente permitan gobiernos que no son genuinos ni verdaderos, pero que después ellos no toleran, cuestionan y entorpecen.

Son gobiernos ilegítimos producto de una falsa democracia en los cuales la soberanía no reside en el pueblo, ya que la mayoría del mismo no la ejerce directamente, dejándola en manos de los representantes de la minoría de los que sí votan. Claramente se trataría de una acción contraria a la lógica si fuera cierto que esos ciudadanos sí entienden que una democracia consiste, precisamente, en elegir: preferir algo (propuestas) o alguien (candidatos) para lograr un fin en beneficio de la mayoría, pues decir que es en el bien de todos no es más que un buen deseo aunque no existieran las diferencias socio económicas, ya que permanecerían las personales (origen, género, edad, educación, deseos).

Dar importancia en estos países al
voto obligatorio y al voto en blanco

En este caso, la mayoría se refiere a la parte mayoritaria de las personas que componen la nación o la ciudad, no apenas los ciudadanos por derecho, y de ahí lo de seguir la opinión de la mayoría, pero la cual no se puede saber si ni siquiera la mayoría de los que pueden votar no votan y, aunque lo más importante son los debates serios anteriores a la elecciones, raramente lo son o se los escuchan. Son esas confrontaciones de opiniones contrapuestas, entre dos o más personas, sobre temas concretos, las que son esenciales en una verdadera democracia; temas estos que a su vez son los pertenecientes a un programa de gobierno, y sus respectivas propuestas pertinentes al mismo.

Opinión, por su parte, es, en este contexto, la valoración respecto de algo o de alguien, buscando, mediante el diálogo, su estimación por la generalidad de los habitantes de una ciudad, una región o un país (el que además puede estar unido a otros por acuerdos políticos, comerciales o culturales) acerca de determinados asuntos que sean de interés para la comunidad toda. Se trata por lo tanto de ese conjunto de personas, la comunidad, y, de nuevo, no apenas de los ciudadanos; de todos aquellos habitantes de un hábitat no solo natural sino, a la vez, cultural (política, economía, sociología, educación, usos y tradiciones) cuya historia explica en parte sus gobiernos ilegítimos.

Todo lo anterior debería llevar a darle importancia en estos países al voto obligatorio y al voto en blanco; no a la obligación legal de votar, a lo que sus gobiernos ilegítimos poco estarían dispuestos a asumir y que algunos calificarían de antidemocrático, sino a su socialización a través de la familia, los amigos y conocidos, y de los medios de comunicación y las universidades. Que se entienda que si no se está de acuerdo con candidatos y propuestas, votar en blanco es fortalecer esa posición, e inclusive, si es mayoritario, lleva a que se anulen las elecciones y se puedan presentar nuevos candidatos; hay que entender que la democracia es elegir y no dejar que una minoría elija por uno.

Caliescribe edición especial