La esperanza que nos anima

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 07/03/2020 - 9:49am
Edicion
463
P. Héctor De los Rios L.
 

VIDA NUEVA

 

Evangelio: san Mateo 17, 1-9: «Su rostro se puso brillante como el sol

El tema central de este segundo Domingo de Cuaresma es la Esperanza que nos anima, a pesar de la dificultad que implica la conversión a Cristo y a su seguimiento. En momentos preocupantes, la compañía de personas amigas alivia nuestra preocupación.

En este segundo Domingo de Cuaresma se nos hace una invitación a acercarnos a Dios, a vivir cerca de Él, a «subir a su monte santo». La cercanía de Dios nos ayudará a superar nuestras dificultades con éxito. Y, sobre todo, nos ayudará a sentirnos firmes y seguros en nuestra fe, a pesar de las luchas que debamos sostener.

Después de haber leído el Domingo pasado la lucha contra las tentaciones y el mal, hoy se nos asegura que el proceso termina con la victoria y la glorificación de Cristo. Al comienzo de la cuaresma la Transfiguración de Cristo es para nosotros una meta y una tarea. El momento de la Transfiguración es en el evangelio un episodio fugaz. Los tres discípulos, Pedro, Santiago y Juan oyen decir a Jesús al bajar del monte: No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos. En medio de la marcha hacia Jerusalén, donde Cristo va a padecer y morir, la Transfiguración es un momento de luz y de gloria que prepara y conforta para la gran hora de la Pasión del Señor. También lo es así para nosotros hoy.

Experiencia de fe

La Transfiguración de Cristo no es solamente un momento de gloria en la vida terrena del Hijo de Dios encarnado, sino un llamado de Dios a todo cristiano para vivir este misterio en el ejercicio de su fe. Nos podemos preguntar: - ¿cómo? ¿Será una bella ilusión o hay experiencias claras de esto en la historia de la salvación?

La cuaresma nos llama a tomar conciencia de esta vocación cristiana. Cuando observamos a alguien que habiendo llevado una vida desarreglada inicia un camino de conversión decimos: ¡Cómo ha cambiado! Cuando la historia de los mineros de Chile, se afirmaba que luego de esa experiencia serían de seguro nuevos y distintos. La vida cristiana vivida en su pleno compromiso debe ser transformadora. Debe hacer de nosotros criaturas nuevas. Seguimos en el mundo pero dentro de él debemos señalarnos por lo que somos conforme al llamado de Dios. Un cristiano de los primeros siglos, haciendo la presentación de la fe en Cristo a un ilustre hombre de su época, decía: En una palabra, lo que es el alma en el cuerpo eso son los cristianos en el mundo.

Lo exterior no nos distingue. Nos diferencia lo que somos a partir de bautismo, llamados a una experiencia de Dios que haga profundamente humanas y cristianas nuestras realidades de cada día. Así se va dando la Transfiguración a que Dios nos llama en la fe.

Camino hacia la Pascua

Cuando en la cuaresma se nos insiste en la conversión este relato nos enseña que ese proceso de transformación interior tiene un objetivo que es la misma vida del Señor glorioso, vivida ahora en la fe y luego en la gloria. Es un proceso que cubre toda la vida, con la necesidad de cada día. No se trata sólo de cambios o mejoramientos transitorios que obedecen a circunstancias puntuales. No esperemos transfiguraciones instantáneas y milagrosas. Como en el caso de Abrahán se va dando en el caminar con Dios, al paso lento de la paciencia divina. En la superficie de lo vivido quizás lo notemos poco. Pero la Palabra de Dios va obrando en el corazón y nos va haciendo vivir la vida de Cristo en nosotros según la palabra de san Pablo: «Vivo, pero no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí». Para ello es necesario escuchar a Jesús en su Evangelio que nos traza un ideal que siempre perseguimos pero que siempre nos sobrepasa: «Sean perfectos como es perfecto el Padre celestial».

Formar a Jesús en nosotros

Al comienzo de la cuaresma la Transfiguración de Cristo es para nosotros una meta y una tarea. Cuando en la cuaresma se nos insiste en la conversión este relato nos enseña que ese proceso de transformación interior tiene un objetivo que es la misma vida del Señor glorioso, vivida ahora en la fe y luego en la gloria. Es un proceso que cubre toda la vida, con la necesidad de cada día. No se trata sólo de cambios o mejoramientos transitorios que obedecen a circunstancias puntuales. No esperemos transfiguraciones instantáneas y milagrosas. Como en el caso de Abrahán se va dando en el caminar con Dios, al paso lento de la paciencia divina. En la superficie de lo vivido quizás lo notemos poco. Pero la Palabra de Dios va obrando en el corazón y nos va haciendo vivir la vida de Cristo en nosotros según la palabra de san Pablo: «Vivo, pero no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí». Para ello es necesario escuchar a Jesús en su evangelio que nos traza un ideal que siempre perseguimos pero que siempre nos sobrepasa: Sean perfectos como es perfecto el Padre celestial.

Hoy somos invitados a re-motivar, «re encantar» y refrescar nuestra condición de discípulos: tenemos que "escuchar" más a Jesús. En Cuaresma y a lo largo del año, domingo tras domingo -día tras día- acudimos a la escuela de este Maestro y él nos va enseñando, con su ejemplo y con su palabra, el camino de la salvación y de la vida. - Que también a nosotros la lucha contra el mal nos conduce a la vida. En nuestro camino cuaresmal, no nos olvidamos de pedir a Dios que esta Eucaristía «nos prepare a celebrar dignamente las fiestas pascuales».

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