Libertad

Por Guillermo E. U… el Sáb, 06/11/2021 - 9:46pm
Edicion
550

Por Guillermo E. Ulloa Tenorio

Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.


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Divisar la estatua de la libertad en la bahía neoyorkina se convirtió en símbolo de esperanza, ilusión y mejor perspectiva de vida.  

Es el milenario clamor universal de la humanidad. Desde cuando Moisés condujo el pueblo hebreo a la tierra prometida buscando liberarse del yugo egipcio hasta la migración europea a Estados Unidos finalizando el siglo diecinueve y mediado del siglo pasado y la actual esperanza del “sueño americano” son episodios históricos de similares coincidencias. Británicos, irlandeses, franceses, alemanes, italianos, polacos, convirtieron Estados Unidos, en el mayor receptor de población migrante del mundo, de paso en un pueblo multiétnico y multicultural, a quienes las condiciones de libre mercado hicieron realidad sueños de bienestar, prosperidad y fortuna.

Divisar la estatua de la libertad en la bahía neoyorkina se convirtió en símbolo de esperanza, ilusión y mejor perspectiva de vida.  

Estos millones de desplazados, huyendo hambruna, falta de oportunidades y enfermedades, buscaban un mejor futuro para si mismos y sus familias. Se estima que entre 1892 a 1954 ingresaron doce millones de migrantes, registrados en el puerto de entrada de la isla Ellis, cumpliendo con el añorado sueño de libertad. Para ellos y las sucesoras generaciones encontraron riqueza, igualdad e inmensas oportunidades, fruto del trabajo honesto, bien remunerado, siguiendo sencillas conductas de convivencia y acatamiento normativo de reglas del libre mercado.

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Pero curiosamente, y aunque pareciera inverosímil, México aporta el mayor número de migrantes centroamericanos

Sin el romanticismo de esta primera etapa, el “sueño americano” sigue siendo la meta de millones de refugiados huyendo atrocidades provocadas por regímenes dictatoriales que estrangulan la libertad, ensombrecen, empobrecen y menoscaban oportunidades. Es por esta razón que Cuba, Haití, Vietnam, El Salvador, Siria, Afganistán, Pakistán, Nicaragua y Venezuela son los principales aportantes de desplazados.

Pero curiosamente, y aunque pareciera inverosímil, México aporta el mayor número de migrantes centroamericanos y Colombia el primer lugar del continente suramericano.

¿A que se atribuye este fenómeno?

Es el rechazo del emprendedor laborioso, independientemente de su tamaño, ante la dificultad de ser empresario libre pensador creativo en Colombia. Formalizar cualquier emprendimiento es enfrentarse a altos impuestos, onerosa carga laboral, una excesiva e ineficiente tramitología, amparada de insulsa vigilancia, que tan solo sirven para alimentar la abultada maraña de entes burocratizados prestos a sancionar en vez de impulsar iniciativas individuales.

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Las impositivas cargas tributarias son las encargadas del menoscabo del sector privado

También es la respuesta del individuo que quiere ser compensado por su trabajo honesto, arduo y bien remunerado y no la tipicidad de la sanguijuela que pretende sea el estado el obligado a su manutención.

Las impositivas cargas tributarias son las encargadas del menoscabo del sector privado. Bajo la ideología asistencialista del actual sistema socializante se pretende ilusamente cerrar brechas de desigualdad fustigando al aparato productivo para alimentar el improductivo e infinito régimen de subsidios, vertiginosa burocracia estatal, foco de malversación y corrupción.

Ojalá y ad portas del decisivo año electoral la población entienda que el progreso de Colombia, como nación, se da otorgando libertades al individuo y no sometiéndolo al imperio represivo de ideologías bizantinas socializantes que pretenden empobrecer con cantos de sirenas de desigualdad e inequidad y promesas, difícil de cumplir, de repartir lo que juiciosamente el trabajo honesto ha otorgado.

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Liberémonos del modelo asistencialista socializante de ideologías de centro arraigadas en nuestro pasado reciente

No se puede entregar el país a las pretensiones de absurdas ideologías populistas que no piensa en el bien común sino contrariamente en quebrantar la libertad individual, el derecho al trabajo, la igualdad, y fomentar la corrupción bajo la complicidad e impunidad de altas cortes, entes de control y enquistados “carteles de la toga” a todo nivel.

Liberémonos del modelo asistencialista socializante de ideologías de centro arraigadas en nuestro pasado reciente, cuyos resultados en vez de mejorar índices de pobreza preocupantemente se deterioran año tras año y que parecen buscar mantener la población en ignorancia y pobreza.

Es el momento de enfrentar y liberarnos con valentía, coraje y decisión los fantasmas del populismo delirante de quienes no piensan en el bien común sino en su propio bienestar.

Tal como clamaba el pueblo cubano recientemente, tan solo anhelamos libertad y orden.

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