Declive del capitalismo en América latina

Por Luz Betty Jime… el Sáb, 05/02/2022 - 7:01pm
Edicion
561

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.


El declive del capitalismo en América Latina no es algo casual ni tampoco depende del manejo equivocado de los procesos económicos y políticos por cuenta de sus gobernantes y de las clases económica y políticamente dominantes de la sociedad.

Dicho proceso se manifiesta cuando en medio de las crisis más profundas y recurrentes del sistema se comienzan a presentar índices de crecimiento económico y social cada vez más bajos, circunstancia que viene de varios años atrás, es decir, desde antes de la pandemia del COVID-19 y posteriormente, como desarrollo y disminución del patógeno, según cifras de la Cepal que indican que la región se encuentra avocada a transitar por otra década perdida del desarrollo, con un crecimiento para el año 2022 del 2.1%, con lo cual no podrá superar los efectos sociales devastadores de la crisis, representada con la pérdida de más de 25 millones de puestos de trabajo, de los cuales una parte han sido recuperados, en tanto que la tasa de pobreza extrema aumentó del 13.1% de la población en el 2020 al 13.8% en el 2021 según datos de la Cepal y de la OIT.

Declive del capitalismo en América latina

A lo anterior se suman los problemas derivados de los altos niveles de la abultada deuda pública que impiden que buena parte de los recursos puedan invertirse en el crecimiento y desarrollo económico, de la creciente inflación que incrementa sustancialmente los precios de los productos, bienes y servicios y del desaprovechamiento de un inmenso patrimonio existente para desarrollar la producción con destino a satisfacer las necesidades de la comunidad, generándose con ello un gran estancamiento y desaceleración de la economía; producto de las viejas y decadentes relaciones económicas, políticas y sociales que se convirtieron en un freno del progreso y que no podrán superarse sino reemplazándolas por otras que permitan el ascenso progresivo de la sociedad latinoamericana a un nivel superior de desarrollo, el cual por supuesto no tiene un carácter continuo ni rectilíneo, ni está exento de traumatismos ni retrocesos que hacen que en muchos casos las fuerzas democráticas y progresistas se detengan en virtud de diversos factores que se oponen a su avance.

Para algunos filósofos, sociólogos y economistas que consideran que el capitalismo es eterno insisten en la posibilidad de superar sus dificultades con reformas económicas y políticas encaminadas a realizar algunos cambios, que en lo fundamental no afectan las bases estructurales del régimen. Al respecto, recomiendan a los gobiernos latinoamericanos, por ejemplo, evitar el contraccionismo en políticas macroeconómicas, aumentar el gasto social con el fin de atender las necesidades de los sectores mas vulnerables y subsidiar a las pequeñas y medianas empresas. Así mismo, recomiendan adoptar “sistemas tributarios equitativos”, desarrollar políticas más productivas para la exportación de mercancías con mayor contenido tecnológico, realizar grandes obras de infraestructura con el fin de aumentar el empleo formal, invitar al capital extranjero a participar en la exploración y explotación de los recursos naturales y agropecuarios, ampliar la acción pública en favor de la conservación del medio ambiente, de la educación, la salud, el deporte, la cultura, el turismo, etc.

Declive del capitalismo en América latina

Por último, se afirma que para superar la década perdida más allá del crecimiento macroeconómico es necesario que los países latinoamericanos demuestren con las elecciones que la democracia continúa siendo el impulso de la estrategia del desarrollo, encargada de reducir la pobreza y la desigualdad social.

La democracia ha adquirido a través de los tiempos un inmenso valor social y político y constituye un medio importante para el ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos y la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Sin embargo, en las condiciones del régimen capitalista en general y en particular en los países de América Latina, la democracia entró en un proceso de declive del cual no se podrá recuperar educando simplemente a los jóvenes que debido a las redes sociales “no tienen período de conceptualización” para entender la historia, según afirma el presidente del Fondo Nacional para la democracia de EE.UU. (El Tiempo, Enero 4 de 2022)
El hecho real es que la democracia adquiere unas veces un carácter estable y en otras, variable de acuerdo con las circunstancias políticas y sociales del régimen conservando siempre su condición de clase.

Ahora bien, con la concentración y centralización del poder en manos de los monopolios y la agudización de las luchas sociales, se abre paso la tendencia por parte de las clases dominantes, a no utilizar las formas y métodos democráticos para resolver los asuntos del Estado y de la sociedad en lo que podría calificarse como una manera de negar la propia democracia que en la actualidad tienden a extenderse y a intensificarse a todos los niveles de la vida social.

Y de ahí que pueda afirmarse que la crisis de la democracia está ligada a la crisis general del régimen capitalista y a su clase dirigente que acude al uso del autoritarismo y de la violencia para resolver los conflictos sociales afectándose con ello su legitimidad, tal como sucede con las acciones de los gobiernos y partidos políticos de estirpe populista de derecha y de extrema izquierda que existen en América Latina, al tiempo que los ciudadanos pertenecientes a diferentes clases y grupos sociales no creen en las instituciones democráticas que operan en los países de América Latina, acentuándose aún más el declive de la democracia liberal con sus diferentes matices en función del modelo económico y político predominante en cada país.

La construcción de la democracia con un nuevo contenido económico, político y social, constituye no solo un gran desafío para todas las fuerzas democráticas y progresistas, sino un deber moral y político de sus dirigentes, comprometidos con el cambio social y revolucionario en América Latina. 


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