Curación del sordomudo

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 04/09/2021 - 4:09pm
Edicion
541
P. Héctor De los Ríos L.
 

VIDA NUEVA

Jesús vuelve a dar al Pueblo el don de la Palabra

Si el hecho de reunimos en Asamblea para celebrar la Eucaristía supone un olvido de los problemas de la vida, quiere decir que no hemos comprendido el sentido de lo que hacemos. El cristiano no deja «fuera» la vida: viene a celebrar su vida. Y esta vida es Cristo. Siempre que conmemoramos su muerte y resurrección, recordamos nuestra propia salvación, los compromisos que con El hemos hecho para ser protagonistas de la liberación del hombre. La tarea del cristiano es una tarea de salvación, de lucha por la liberación de toda esclavitud humana. Nuestros propios egoísmos e injusticias nos dicen que hay mucho camino por andar. La Palabra de hoy, domingo 23 del tiempo ordinario. nos anima a «ser fuertes» y a confiar en el Señor Jesús que «todo lo ha hecho bien».

LECTURAS:

Isaías 35, 4-7a: «Sean fuertes y no teman»

Salmo 146(145): «Alaba, alma mía, al Señor»

Santiago 2, 1-5: «No junten la fe en nuestro Señor glorioso con la acepción de personas»

San Marcos 7, 31-37: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos»

Ser libres para amar...

Con frecuencia, nos hallamos bajo el signo de la opresión. El miedo esclaviza los corazones. Las enfermedades oprimen el cuerpo. Dios quiere liberar nuestro corazones angustiados, pero debemos dejarnos sanar, debemos dejarnos liberar. Que no nos de miedo caminar con la verdad... dejar de ser cómplices del mal con nuestro silencio... y que actuemos siempre con libertad y responsabilidad. La realización práctica del mensaje cristiano -y, por lo tanto, el crecimiento de la nueva vida-, radica para Santiago en ponernos generosa y desinteresadamente al servicio de los desheredados de la fortuna y, al mismo tiempo, en saber mantenernos protegidos contra los falsos criterios del mundo.

Debemos, por tanto, revisar nuestros intereses, nuestras intenciones, nuestro afán de protagonismo, de favoritismos, de dinero fácil... Ajustar nuestros caminos a los caminos de Dios, nuestros criterios a los criterios de Dios, si queremos ser realmente liberados y libres.

Compromiso de liberación

El cristianismo «no parte de cero». No tiene necesidad de inventarse el camino ni de copiar de otras ideologías para luchar por la liberación. Dios nos ha dicho su voluntad y nos ha precedido Cristo con su ejemplo. Lo mismo que Cristo, nuestra actuación en el mundo debe ser liberadora de toda opresión, de toda injusticia entre los hombres, por un compromiso real en la transformación del mundo que nos rodea. Cuando los signos de nuestra fe sean los compromisos por la liberación de todo mal y egoísmo humanos, entonces comprenderán los hombres de hoy nuestro lenguaje y nuestra vida. El culto verdadero no puede compaginarse con la discriminación y la humillación de los pobres, ni dentro ni fuera de la asamblea cristiana. Cuando la vida social está establecida sobre una brutal diferencia de clases y reina la injusticia, las manifestaciones cultuales de quienes sustentan esta situación son una injusticia contra el evangelio de Cristo. - Cristo es el centro de la liberación plena, porque ha vencido la raíz última de toda opresión: el pecado. Sólo desde la fe pueden comprenderse sus signos y aceptar sus compromisos.

Un Dios comprometido

Para realizar eficazmente nuestra total liberación, Dios mismo ha dado el paso definitivo con la Encarnación. A partir de ella Dios no es un lejano espectador de la lucha del hombre sino el Dios comprometido personalmente en esa lucha para construir un mundo que soñamos, el que Dios quiere; para abrir espacios de esperanza inagotables. Nos lo muestra el evangelio de san Marcos que se nos ha proclamado. Cristo, Hijo de Dios presente en la realidad humana, que camina nuestros caminos, encuentra sordos y mudos que llevan nombres propios. El mismo sale en su búsqueda y los libera del todo: primero destapa los oìdos para hacernos recuperar la capacidad de escucha y luego, nos desata la lengua para que podamos comunicarnos y compartir.

Conciencia de nuestra necesidad

Vivimos un mundo marcado por la pobreza. Es una tragedia que se nos puede quedar en la fría presentación de las estadísticas. Tenemos que empezar por mirar hacia el interior de nosotros mismos. Si carecemos de compasión cristiana somos víctimas de una ceguera que nos impide ver la realidad, estamos aquejados de una sordera que no nos deja escuchar el clamor de los que padecen. Necesitamos el contacto con Cristo misericordioso, que nos lleve aparte, que unja nuestra mirada, que hable a nuestro corazón, que sane nuestra dureza.

Se siente, en el ambiente que vivimos, el cuestionamiento no sólo de la misericordia de Dios eficaz sino también de su misma existencia. Hay allí una ceguera que el contacto con la realidad viva del misterio de Cristo debe sanar. Siguiéndolo debemos no solo aceptar a Dios sino descubrir su amor de Padre bondadoso. Es partiendo de la conciencia de nuestra necesidad como podemos descubrir el camino de Dios. La grandeza del mundo nos interroga pero también la miseria humana nos debe servir de vía para ir al encuentro de Dios. Jesucristo, Dios encarnado, nos señala el camino para ir a ese encuentro.

Frente a la realidad que enfrentamos no podemos esperar que todo se arregle con intervenciones milagrosas de Dios. Daríamos una idea falsa de la fe. Dios quiere hijos que, usando de su libertad, busquen los caminos de solución de las miserias del mundo. Nos ha entregado un mundo que quiere sea la casa de todos sus hijos. Está lleno de posibilidades. Responsabilidad del hombre es usarlo para bien de todos. En ese mundo debemos tener igualmente una conciencia clara sobre la realidad humana. En las limitaciones que nos afectan hay también camino hacia Dios. Cristo, el Hijo de Dios, asumió nuestras realidades y les dio un valor salvador. Dios no lo dispensó de sentir el acoso de esas limitaciones e hizo de ellas un servicio redentor. Nos abrió el camino para que también nosotros vivamos esas mismas realidades con toda la significación que tienen para nosotros y para los demás.

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