La estatua de Belalcázar

Por Nicolas Ramos Gómez el Sáb, 04/07/2020 - 12:22pm
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480

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Una de las inquietudes del Fundador, que venía del Incario (Perú), fue la necesidad de una vía al mar

Nicolás Ramos G

Ingeniero Civil , ex gerente de Emcali y ex Presidente de la SMP


Don Sebastián Moyano, posteriormente el Adelantado y Mariscal don Sebastián de Belalcázar, fue el Fundador de Ciudades que relata el documentado libro del Dr. Diego Garcés Giraldo. El nombre de Belalcázar proviene del castillo de ese nombre cercano al pueblo de Gahete, donde el fundador de Santiago de Cali había nacido.

Para conmemorar el IV Centenario de la fundación de Santiago de Cali se creó una Junta Organizadora, que con las autoridades adelantaron una serie de obras y en compañía del escultor español Victorio Macho proyectaron el estilo y la ubicación de la estatua del fundador de la ciudad. Hoy es el monumento más visitado diariamente por los caleños y atractivo turístico para quienes nos visitan.

Una de las inquietudes del Fundador, que venía del Incario (Perú), fue la necesidad de una vía al mar. Para ello envió al Capitán Juan de Ladrilleros hasta el sitio, hoy conocido como Buenaventura. Esa preocupación del fundador de la ciudad obedecía a que él había viajado al Perú desde Panamá, entonces el Darién, por el Mar de Balboa (Océano Pacifico) y comprendía que el futuro de la ciudad dependía de una salida al mar. Solo hasta 1915 llegó el ferrocarril a la urbe y la conectó con Buenaventura.

Lo anterior es la razón para que el brazo derecho de su estatua señale al Occidente, o sea hacía el Pacifico. También la razón de la placa que al inicio de las gradas de acceso al monumento sobre la Avenida de su nombre reza: Los habitantes de Cali, y con ellos El Cabildo, han jurado en este fausto día, ante el glorioso fundador de la ciudad, no descansar un momento y hacer todo cuanto fuere preciso hasta obtener la terminación de la carretera al mar, su máximo anhelo.

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Hoy la preocupación del mundo debe ser mirar y obrar hacia el futuro

Contra la tradición de las ciudades del mundo, en donde se han erigido  monumentos que las identifican u honran a quienes les sirvieron o realizaron actos heroicos, ahora algunos, por razones ideológicas no muy claras, ni acordes con el devenir y sentir de los pueblos, proponen que esos símbolos de su tradición o historia desaparezcan. Son hechos que ocurrieron y expresaron pensamientos, criterios y sentimientos del momento. Son su historia, que hoy no podemos cambiar. Sería algo similar a querer cambiar a nuestros padres, si hoy no compartimos sus opiniones o creencias.

Hoy la preocupación del mundo debe ser mirar y obrar hacia el futuro, que no es nada claro, todo lo contrario, bien inquietante ante los efectos catastróficos del calentamiento global, que de no detenerse, en pocos años será irreversible, el agotamiento acelerado de los recursos naturales renovables o no, y la explosión demográfica que ya origina hambrunas en 2000 millones de seres, antes que borrar los recuerdos del pasado, que son la historia de los pueblos y bien difícil de comprender o juzgar con el criterio de los tiempos actuales.

 Bien decían los abuelos; quien no conoce la historia, dolorosamente la puede repetir. 

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