Experiencias deshonrosas

Por Carlos Enrique… el Sáb, 04/03/2017 - 1:17pm
Edicion
306

Carlos Enrique Botero R

Es muy posible que por tratarse de experiencias negativas y que puedan comprometer a individuos e instituciones de reconocido prestigio, Cali exhibe una malévola pérdida de memoria que resulta en la convalidación social de verdaderos abusos sobre el patrimonio urbano. Y, por supuesto, exhibe una vergonzosa incapacidad para evaluar muchas de sus novedosas actuaciones.

Baste recordar que en la década de los años setenta del pasado siglo, del que era un gran proyecto urbanístico para la entonces clase media, la urbanización Nueva Tequendama, desapareció como espacio público toda el área de cesión obligatoria de zonas verdes a favor de una organización de carácter privado denominada desde entonces Club Tequendama. Era probablemente el antecedente que fundamentó la promoción de creación de centros de recreación popular en la mayoría de las comunas de Cali administradas por la Corporación para Recreación Popular.

Aunque las dos situaciones atienden a figuras jurídicas diferentes, la primera equivale a una expropiación de un bien público a favor de particulares y la segunda a una especie de comodato, ambas coinciden en una forma de enajenación o desafectación de espacio público efectivo –para usar los términos del Decreto 1504 de 1998 que define los alcances del término espacio público- en beneficio de cualquier persona civil o jurídica.

La historia particular de la transformación urbana de Cali desde las últimas décadas del siglo XX está llena de esta clase de experiencias, a todas las escalas, desde las ya citadas hasta la aparentemente mínima de la desafectación parcial del parque del barrio Nuevo San Fernando que permitió la construcción de una calzada vehicular para dar acceso vehicular al edificio del primer almacén Éxito en Cali, a sus estacionamientos y a su zona de descargue de mercancías. Silenciosa operación que debió ser aprobada por el Concejo Municipal y que alegremente los usuarios y habitantes del sector aceptan, en la práctica, como algo necesario y beneficioso. Detrás de esta aparente actitud de tolerancia, se esconde una perniciosa tendencia a aceptar estos procesos como procedimientos  irremediablemente necesarios para una (equivocada) interpretación de desarrollo urbano.

Una mirada detenida al plano actual de Cali, considerado como un inventario del espacio público y privado, permitiría interpretar la mágica transformación en espacio privado lo que debió ser, o fué, espacio público. Mírese, si no hay claridad sobre el asunto, lo que sucedió con un pequeño parque en el barrio Salomia, denominado John F Kennedy, que debió ceder sus funciones de espacio de encuentro para los ciudadanos del sector que viven ahí desde su misma fundación y que hoy son más que sexagenarios, a favor del de área deportiva para un colegio privado que da frente al parque y contra el cual es difícil competir pues los nuevos usuarios son agresivos jóvenes adolescentes que desahogan en deportes de choque las presiones de una educación mal resuelta en edificaciones que nada tienen que ver con la más elemental condición de plantel educativo.

Mire bien a su alrededor y encontrará una gran variedad de ejemplos de esta aberrante apropiación privada del espacio público.

Búsqueda personalizada

aerdhbadf

publicidad_banner

Cali Verde y Educada