Entre el lentejismo de Santos y el radicalismo de Uribe

Por Carlos José Holguín el Sáb, 03/12/2016 - 8:09pm
Edicion
293

Por Carlos Jose Holguin.

El pasado domingo asistí a la Convención Nacional del Partido Conservador con el entusiasmo propio de quienes sentimos el ser conservador como un talante, una forma de ser ante la vida, como lo decía Alvaro Gomez Hurtado. Lamentablemente fue una experiencia caótica, confusa y nuevamente desmotívante de lo que es mi Partido.

Mis sospechas sobre la crisis del Partido no eran infundadas, las pude comprobar antes, durante y después de la Convención.  Antes por la falta de difusión, motivación y elemental información. Cómo es posible que en el mundo de la conectividad, de las redes sociales que se dice se volvieron fundamentales en la política,  la Convención no apareciera por ningún lado?, parecía una convención fantasma de un Partido mudo. El día antes no había recibido el programa ni que decir de la acreditación, nadie sabía ni siquiera la hora en la que había que estar en Corferias.

Durante la convención  fue el caos total, unas filas interminables para entrar, nadie sabía por dónde, la información era nula, la señalización no existía, muchos de los que se habían inscrito y acreditado con calidades para ser convencionistas no aparecían y  los  mandaban a dar vueltas por todo lado. Una vez dentro la improvisación era total, el orden del día cambiado varias veces, la logística para votar nula. Las intervenciones de los  posibles precandidatos presidenciales fueron más abucheadas que escuchadas, con excepción de la de Ubeimar, que a pesar de tener en mi concepto el mejor discurso, coincidió con la hora de reclamar el almuerzo (a codazo limpio)  y de la apertura de las mesas de votación, razón por la cual se quedó prácticamente solo dando el discurso. No se trató, ni se discutió, ni menos se votaron temas de trascendencia nacional, como se había anunciado por el correo de las brujas, (pues por el otro nunca llegó nada) como la reforma tributaria o la refrendación de los acuerdos de la Habana.

Una vez terminada la Convención, el panorama fue aún más desolador, esta es la hora que no he podido saber cuál fue la votación de los candidatos, y de no haber sido por el estruendoso  abucheo y rechifla que recibió el Presidente saliente David Bargil los medios de comunicación no hubieran registrado el evento.

Tanto caos y tanto desgreño resulta sospechoso, no pareciera que hubiera sido por falta de recursos, o de logística o de experiencia, pues si algún partido sabe de convenciones es el PC. Pareciera a propósito, pareciera que alguien quisiera que todo fuera un caos, pues así se podría pasar de agache frente a los temas álgidos, recordemos que la Convención había sido convocada inicialmente para finales de agosto y se canceló cuando apareció el tema del  plebiscito del 2 de octubre, el cual algunos no querían que se discutiera amplia y democráticamente.

Que panorama tan triste, se puede percibir fácilmente que el PC se volvió un partido mudo, sin mayores ideas ni planteamientos, que no logra o no quiere modernizarse, dedicado a servir de comodín a cambio de unas cuantas dadivas, a cuadrarse o impunemente venderse al mejor postor,  abandonar sus candidatos en lo local y en lo nacional, por el simple afán de estar con el ganador  cueste lo que cueste. Sera que todo esto es el preludio del fin del PC que terminara diluido entre el lentejismo de Santos y el radicalismo de Uribe.

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