Brasil vs. Argentina, un choque de historia, pasión y presión

Por Redaccion el Mar, 02/07/2019 - 9:47am
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427

Brasil-Argentina es el choque de dos selecciones enfermas por el fútbol. De dos países absorbidos por esa pasión. Son dos maneras diferentes de ver, sentir y entender el juego. Es una disputa de resonancia mundial. No importa dónde se juegue, no existe el local ni el visitante. Cuando estos dos equipos se enfrentan ni siquiera importa el presente. Son dos patrias que juegan con la historia adelante, con Pelé y Maradona como inspiración, como orgullo, como esperanza.

Tampoco importa en qué instancia estén. Ahora les tocó cruzarse en la semifinal de la Copa América, pero bien podría ser una primera ronda, un amistoso, un partido de beneficencia o de barrio, igual este es el partido que no se puede perder. El que más exige porque no solo juegan los futbolistas, juegan los uniformes. Ese es el peso de ser la selección de Brasil y la de Argentina, dos adversarios sometidos a la presión de la historia, del ‘verde amarelo’ y albiceleste. Se juega el orgullo, incluso se juega la cultura, la patria futbolera. Perder con Brasil es catástrofe para un argentino, perder con Argentina es luto para un brasileño.

Los argentinos llegan con Messi, un Messi aún apagado, un Messi que incluso parece terrenal en esta Copa América. Pero quizá Messi trame un engaño, darle una falsa esperanza a su rival para sorprenderlo en pleno partido, cuando ya no haya nada que hacer. Este lunes, Thiago Silva no se ruborizó para decir que Messi era el mejor de todos, con todo lo que significa decir eso para un brasileño. “Para mí es el mejor jugador de la historia, el mejor que vi jugar, y es siempre un privilegio grande poder enfrentarlo; pero, ahora, nosotros vamos a defender lo nuestro, y admirarlo en los siguientes partidos”.

Brasil no tiene hoy a un jugador que se le equipare en alguna medida a Messi, pero, y ¿quién lo tiene? Lo que sí tienen los brasileños es un mejor colectivo, un equipo que sin ser maravilloso ni descrestar a nadie es más fuerte que su rival. Porque Argentina, fuera de su todopoderoso 10, no es un equipo de grandes figuras. Es un equipo que trabaja para que Messi se sienta cómodo y contento, y para que le quede un poquito más fácil imaginar en la cancha. De él dependen. 

Del otro lado, Brasil no parece extrañar a Neymar. Los brasileños del común ni se acuerdan de que no pudo jugar la Copa por una lesión. Parece que no los seduce, no los contagia. Ellos piensan en otros jugadores más entrañables, en el sorprendente Everton, una de las figuras en lo que va de la Copa, o en el aguerrido Arthur, o en el implacable Thiago Silva, incluso en Coutinho. Ellos son los nuevos referentes, a ellos se encomiendan los exigentes torcedores brasileños. 

El partido será en Belo Horizonte, y un fantasma compró entradas en primera fila. Brasil juega en esa cancha con el drama del 1-7 que le propinó Alemania en el mundial del 2014. Regresar a ese estadio es como regresar a una pesadilla que en todo caso van a intentar exorcizar. “Nadie olvida lo que pasó, ni nadie lo olvidará, pero la vida es así”, dijo Thiago.

Así que Brasil juega contra Argentina, contra Messi, contra el fantasma de Belo Horizonte y contra la presión de ser Brasil, el pentacampeón mundial, el que no puede perder la Copa que organiza. Y Argentina es Argentina, un equipo que no juega con la camiseta sino con la bandera, que no juega con los pies sino con el corazón. Un equipo que tiene a Messi como cuerpo, alma y espíritu.

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