La revuelta estomacal de mayo

Por Ricardo Téllez… el Sáb, 02/05/2020 - 2:41am
Edicion
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las provocadas por la prolongación del aislamiento obligatorio contra el virus que la madre naturaleza creó para castigar a sus únicos hijos inteligentes

Ricardo Téllez Bautista

Abogado Administrativista Unilibre, Especialista en Administración Pública Univalle


Las revueltas sociales son la alteración espiritual y material de una masa humana, motivada por ciertas medidas del gobierno que las gobierna, que suelen tener carácter violento. Normalmente son espontáneas y se originan por disconformidad con una situación social, económica o política. En algunos casos anormales, se genera por la derrota de un equipo de futbol. Y hay otras, como la que en Colombia podría ocurrir en este mes de las madres: las provocadas por la prolongación del aislamiento obligatorio contra el virus que la madre naturaleza creó para castigar a sus únicos hijos inteligentes; o igual, si un día se comprueba que fueron los chinos jugando a la ciencia en algún laboratorio químico.

La revuelta social de mayo, a la que hoy algunos tememos en Colombia, se está cocinando en olla pitadora. Se genera por el ardor que en la boca del estómago produce el exceso de jugo gástrico que brota para hacer digestión al alimento que debería estar ahí depositado. Aunque pareciera ser que la culpa es del terrible jugo gástrico o del Covid19, el acusado verdadero es el histórico estado de desigualdad y consecuente inequidad[1] en la que vive la gran mayoría del pueblo colombiano que no tiene capacidad económica de recluirse, siquiera un bimestre, a comer sin trabajar.  Con toda la comida en alacena, este país, al que hace poco alguien se le ocurrió declararlo como el más feliz del mundo, pasaría encerrado y feliz todo el tiempo que diga Duque, comiendo, parrandeando, procreando y durmiendo, y hasta rogando que el Coronavirus dure hasta diciembre.   

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La fuerza laboral de hecho, empieza a los doce años de edad y en adelante

En Colombia somos 50 millones de habitantes aproximadamente. La fuerza laboral de hecho, empieza a los doce años de edad y en adelante. Tiene tres categorías: los ocupados, los desocupados y los inactivos. Dentro del segmento de ocupados se tiene en cuenta a tres grandes grupos: los informales, los independientes (regularmente profesionales, tecnólogos, técnicos y millones de ciudadanos de especiales condiciones para la independencia laboral, que son propietarios de micro, pequeñas y medianas empresas), y los servidores del Estado.

Según la Gran Encuesta Integrada de Hogares que entregó el DANE, a febrero 29 de 2020 cerca de seis millones de colombianos en capacidad de ganarse el pan para sí y el resto de su familia, pertenecen al rango de los ocupados informales, entendiendo como tales a los empleados particulares y los obreros que laboran en establecimientos, negocios o empresas que ocupen no más de cinco personas, incluyendo al patrono y/o socio; a empleados domésticos, jornaleros o peones; a trabajadores por cuenta propia que laboran en establecimientos hasta de cinco personas y a patrones o empleadores de empresas hasta de cinco trabajadores. Aunque no están en la información oficial, considero que deben incluirse con especificidad, los vendedores estacionarios y ambulantes, los rebuscadores con profesiones y diversidad de oficios, tramitadores y brujos adivinadores de la suerte. También a carteristas, cosquilleros, apartamenteros, estafadores, atracadores, fleteros, extorsionistas, secuestradores y hasta sicarios de oficinas de cobro que, en resumen, aún al margen de la ley, caben en el grupo de “ocupados” que clasifica el DANE. Para efectos del ingreso familiar, todos en el mismo costal.

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El ingreso personal de la fuerza laboral que beneficia a 50 millones de colombianos, nos ubica en determinada clase social: el 2% de colombianos son ricos

El ingreso personal de la fuerza laboral que beneficia a 50 millones de colombianos, nos ubica en determinada clase social: el 2% de colombianos son ricos (1 millón) con ingresos vergonzosa y peligrosamente impublicables; el 31% son de clase media (15 millones) con ingresos mínimos de $3 millones mensuales; el 40% son vulnerables (19 millones) con ingresos entre $600 mil y $1.6 millón por mes. En la parte baja en condición de pobres se encuentra el 13% (13 millones) con ingresos de $258 mil mensuales, y en el fondo de la misma olla un sector de pobreza extrema con ingresos de $120 mil mensuales. Definitivamente la pandemia atacó a un pueblo en condiciones de inferioridad para dar la lucha. Es como darle garrote a un jamelgo de carretillero que apenas le dan de comer para que no deje de trabajar. Y el flaco hambriento no fallece porque siempre le dan de comer y siempre seguirá trabajando.

Con este terrible panorama, la revuelta estomacal de mayo será protagonizada por, más o menos, la sexta parte de 32 millones de estómagos que totalizan los vulnerables y los pobres. En la retaguardia de la disconformidad, dando ánimo sin alzar la voz, un bajo porcentaje de los 15 millones de clase media baja, baja media y media alta. Por fuera, viendo las noticias por televisión, estará el millón de mayores ingresos.    

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Entonces ¿la revuelta estomacal podría ser culpa del jugo gástrico haciendo estragos dentro de los estómagos vacíos? O mejor del Covid-19

La revuelta en proceso de cocción en olla a presión tiene como ventaja que toda la población no se encuentra en cuarentena, pero la economía está paralizada, rompiendo la ecuación producción + comercialización + consumo = dinero efectivo. La inconformidad sólo se aplaza con alimentos que el gobierno no puede subsidiar a toda la población. La válvula de escape está en la reactivación de la construcción y las manufacturas, razón por la cual el Gobierno Duque ordenó hacerlo.  

Entonces ¿la revuelta estomacal podría ser culpa del jugo gástrico haciendo estragos dentro de los estómagos vacíos? O mejor del Covid-19, o del Gobierno de Duque y sus medidas, o del Alcalde Ospina; quizás de los OVNIs que están de visita, o de la gente desobediente, de los parranderos salsómanos, de la gente que no les corre miedo por las venas; de los estúpidos, de los brutos, de los insensatos, de la población sin ingresos para pagar la cuarentena, ¿o de quién? Que caiga  maná del cielo, el manjar milagroso !  

[1] La igualdad en lo social es distribuir con imparcialidad a cada ciudadano, bienes y oportunidades de desarrollo profesional y económico, así como el acceso a la salud y la educación. Superada esa condición, la equidad o justicia social, es dar a cada uno lo que le corresponde o merece en ejercicio de aquella igualdad. Es decir, a partir del aprovechamiento individual de un estado pleno de igualdad, cada cual se ubicará en el lugar que haya construido para merecer. Macro conceptos para no alborotar conocimientos profundos.  

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