La Feria de Cali no es simplemente una sucesión de conciertos y desfiles; es el proyecto de gestión cultural más ambicioso del suroccidente colombiano. Más allá de la rumba, este evento funciona como un motor que articula la economía popular, el arte de base y la identidad barrial. Entender cómo se construye este “tejido” permite ver la Feria no como un gasto, sino como una inversión en el capital social de la ciudad.

La ejecución de la Feria de Cali recae principalmente en Corfecali (Corporación de Eventos, Ferias y Espectáculos), una entidad de economía mixta que actúa como el brazo operativo de la Alcaldía. Sin embargo, la estructura es descentralizada.

El proceso comienza meses antes de diciembre con las “Pre-Ferias” en las comunas y corregimientos. Aquí se seleccionan las orquestas locales y los grupos de baile que participarán en las vitrinas principales. La financiación proviene de una mezcla de recursos públicos (presupuesto municipal) y patrocinios privados. La logística se divide en tres grandes pilares:

  1. Talento Humano: La contratación de miles de artistas, desde bailarines de salsa hasta artesanos y logísticos.
  2. Infraestructura: El montaje de la “Calle de la Feria”, los tablados populares y el Salsódromo.
  3. Seguridad y Convivencia: Una articulación con la Policía Metropolitana y organismos de socorro para gestionar a los millones de asistentes.

Los últimos dos años han marcado un punto de giro en la forma de vivir la Feria, alejándose del modelo de palcos cerrados para buscar una mayor democratización del espacio.

  • 2024: El retorno a la raíz. Tras periodos de incertidumbre financiera, la feria de finales de 2024 se centró en recuperar la confianza del sector cultural. Se dio prioridad a las escuelas de salsa de los barrios más periféricos, garantizando que el Salsódromo mantuviera su rigor técnico pero con una mayor participación de semilleros infantiles.
  • 2025: Sostenibilidad e inclusión. En la edición más reciente, se implementaron modelos de “Feria Circular”, reduciendo el impacto ambiental de los residuos en la Autopista Suroriental. Además, crecieron los eventos alternativos como la “Feria Rural y Comunera”, que llevó orquestas de alto nivel a sectores que tradicionalmente no podían desplazarse hasta los eventos masivos, fortaleciendo el sentido de pertenencia en las 22 comunas.

La experiencia de estos años demuestra que la Feria es el principal alivio económico para el sector artístico tras la temporada baja, generando cerca de 60.000 empleos directos e indirectos en cada edición.

Si usted es un artista, gestor cultural o microempresario que desea formar parte del tejido de la Feria, existen rutas institucionales claras para pedir ayuda o proponer proyectos:

  • Convocatorias de Corfecali: Generalmente, entre agosto y octubre se abren las convocatorias públicas para la selección de orquestas, diseñadores de carrozas y escuelas de baile. Es vital estar pendiente del portal oficial de Corfecali.
  • Secretaría de Cultura: Para proyectos de largo aliento o estímulos a la creación artística que alimentan la feria, la Secretaría de Cultura de Cali lanza anualmente el programa de “Estímulos”. Aquí se puede solicitar apoyo financiero para formación o circulación artística.
  • Desarrollo Económico: Si su necesidad es de emprendimiento (ventas, stands, servicios logísticos), la Secretaría de Desarrollo Económico habilita espacios de capacitación y ferias de servicios para vincularse como proveedor formal.
  • Atención Ciudadana: Puede radicar solicitudes de apoyo para eventos comunitarios específicos a través de las Juntas de Acción Comunal (JAC) o directamente en el CAM (Centro Administrativo Municipal), dirigiendo su oficio a la oficina de participación ciudadan

La Feria de Cali es, en esencia, un acuerdo social. Cuando las luces se apagan el 30 de diciembre, lo que queda es una red de contactos, una economía dinamizada y una identidad reafirmada. No es solo baile; es el mecanismo que mantiene viva la maquinaria creativa de la capital del Valle.

Nubela Meneses