Cada 20 de septiembre, desde 2016, el mundo conmemora el Día Internacional del Deporte Universitario (IDUS), proclamado por la UNESCO a propuesta de la Federación Internacional de Deporte Universitario (FISU). No se trata de una fecha menor en el calendario académico. En un continente donde las universidades enfrentan el reto permanente de formar ciudadanos integrales, el deporte universitario representa una oportunidad estratégica que Latinoamérica no puede seguir postergando.

La UNESCO ha sido categórica al definir el lugar del deporte en la educación superior. “El deporte universitario ocupa un lugar muy especial en el mundo del deporte como vehículo de valores humanos, sociales y cívicos, plenamente integrado en la educación de los ciudadanos de hoy y de mañana”. Esta declaración no es retórica: establece un mandato claro para las instituciones de educación superior de la región.

El currículum como deuda pendiente

En América Latina, el deporte ha sido históricamente un añadido extracurricular, un espacio de representación institucional antes que una experiencia educativa. Sin embargo, la evidencia es contundente. Investigaciones sobre empleabilidad muestran que los graduados que participaron en deportes universitarios obtuvieron ingresos superiores a quienes no lo hicieron, y más de la mitad (51%) afirmó que la práctica deportiva les ayudó a desarrollar habilidades de trabajo en equipo y liderazgo. El 94% de los empleadores encuestados identificó un vínculo claro entre la participación deportiva universitaria y competencias valiosas para el ámbito laboral.

La UNESCO lo expresa con precisión: “El diálogo, el respeto hacia uno mismo y a los demás, el juego limpio y la búsqueda de la excelencia son los principios que enmarcan la educación de los estudiantes”. Estos principios no son complementarios a la formación profesional: son constitutivos de ella. Incorporar el deporte en los planes de estudio y en los perfiles de egreso no es una concesión a la actividad física, es una decisión estratégica de calidad educativa.

El valor estratégico para los territorios

En el contexto latinoamericano, el deporte universitario adquiere una dimensión que trasciende las canchas. Los Juegos Universitarios Binacionales Patagonia Unida, que vinculan a universidades argentinas y chilenas, demuestran que el deporte “constituye una plataforma real de internacionalización universitaria, estimula el intercambio cultural y académico, fortalece la cooperación científica e institucional regional y genera un impacto socioeconómico positivo a través del turismo deportivo”.

La profesora e investigadora Ciria Margarita Salazar, de la Universidad de Colima, lo sintetiza con claridad: el deporte universitario es “una experiencia educativa capaz de fortalecer la salud física y emocional, las relaciones sociales y la permanencia del estudiantado en su comunidad”. En territorios donde la deserción universitaria y la fragmentación social son desafíos persistentes, el deporte ofrece un anclaje de pertenencia y un vehículo de cohesión que ninguna acreditación por sí sola puede garantizar.

Más allá de la acreditación

Existe en la región una tendencia a medir la calidad universitaria exclusivamente por indicadores de acreditación y certificaciones. Sin duda, estos mecanismos son necesarios. Pero la excelencia —esa búsqueda que la UNESCO coloca como principio formativo— exige ir más allá. Las instituciones de educación superior con mayor desarrollo deportivo en Chile, por ejemplo, se encuentran acreditadas entre 6 y 7 años, en un nivel de excelencia según la Comisión Nacional de Acreditación. La correlación no es casual: una universidad que invierte en el desarrollo integral de sus estudiantes tiende a construir una cultura institucional de altos estándares.

Dylan Padilla, director de Deportes de la Universidad de Chile, lo expresa con una claridad que debería resonar en todos los rectores de la región: “Más allá de los resultados, el deporte universitario forma personas, construye comunidad y entrega herramientas para la vida académica y profesional”.

Una invitación a la excelencia

La UNESCO ha sido explícita: “La educación y el deporte deben estar en el centro de nuestras sociedades”. En América Latina, donde la juventud representa una proporción significativa de la población y donde las universidades son actores territoriales de primer orden, esta declaración adquiere una urgencia particular.

Instamos a las universidades latinoamericanas a incorporar el deporte no como actividad complementaria, sino como eje formativo en sus currículums y perfiles de egreso. A reconocer que la salud, el liderazgo, el trabajo en equipo y la disciplina que el deporte cultiva son competencias profesionales de primer orden. Y, sobre todo, a atreverse con la excelencia: esa búsqueda que los deportistas conocen bien y que las instituciones académicas, en su afán por cumplir indicadores, a veces olvidan.

Porque una universidad que impulsa el movimiento y el deporte, como señala Salazar, no solo prepara a su comunidad para competir: la prepara para vivir mejor.

En el plano global coexisten modelos diferenciados. El estadounidense, articulado por la NCAA desde 1906, estructura el deporte en tres divisiones con becas deportivas y una economía de entretenimiento que genera miles de millones por derechos televisivos y patrocinios. En Europa predominan los modelos lineal, funcional y adhocrático, con estructuras más centralizadas o descentralizadas según el país. En Latinoamérica emergen propuestas propias e individuales: En baja escala porcentual, las universidades latinoamericanas combinan algunas becas con acceso a la educación superior y facilidades de ingreso, ajustes curriculares menores, avances leves en inversión en infraestructura, pero es difícil encontrar en la literatura modelos definidos de mediano o éxito total. Sería muy interesante poder diferenciar, por ejemplo, los modelos o acciones preferidas de las Universidades privadas y estatales, falta mucho por avanzar reconociendo que las Universidades cada vez más aceptan la deuda y se muestran decididas a pagarla, necesitamos modelos ad-hoc para la región, no necesitamos copiar, sino construir una identidad propia a universitaria.

*Director Investigación Universidad de Los Lagos Chile / Secretario General FAULAC

Juan Luis Carter