¿Calidad de vida del Dane?

Por Luz Betty Jime… el Sáb, 31/03/2018 - 11:26am
Edicion
362

 

 

El mejoramiento relativo de la calidad de vida de los colombianos en los últimos diez años, ha sido utilizado por los tecnócratas del DANE para afirmar que en la actualidad, la sociedad avanza en la superación de la pobreza y de la desigualdad social que se crean alrededor del mercado de consumo de bienes y servicios, adonde concurren en aparente igualdad de condiciones, los ciudadanos pertenecientes a todas las clases y grupos sociales en su condición de consumidores.

Esta circunstancia característica de la vida moderna obedece al hecho de que los colombianos cuentan con un mayor acceso a la tecnología, los servicios públicos y sociales, que si bien es cierto han contribuido a mejorar su modo de vida, no cambiará sustancialmente su situación económica y social en que viven, detrás de la cual se oculta la nueva cara de la pobreza y de la desigualdad social, que asumen los colombianos.

Según los resultados de las encuestas del DANE, los colombianos han mejorado calidad de vida gracias a que aumentaron las suscripciones a la TV, pasaron de 48.3% en los hogares en el 2008 a 73.4% en el 2018, en tanto que en materia de conexión a internet se pasó del 12.8% al 50% en los últimos años. Igualmente se habría disparado la tendencia a usar el celular desplazando al teléfono fijo. A todo lo anterior se suma el acceso a la salud con una cobertura cercana al 98% del total de la población y de la educación básica gratuita y a la educación superior a través del programa “ser pilo paga”.

Por otra parte se registra el mejoramiento de los servicios públicos de acueducto y alcantarillado sobre todo en el campo; la construcción de vivienda gratis y la entrega de subsidios a los sectores mas vulnerables de la sociedad, aspectos estos con los cuales se pretende demostrar que la calidad de vida de los colombianos ha sufrido un cambio fundamental en la última década de este siglo, a pesar de las dificultades económicas y políticas por las que ha atravesado el país. Se afirma que la pobreza en materia de ingresos se redujo en un 15.18% en comparación con el 2008, cediendo además la desigualdad social de acuerdo con el coeficiente de Gini que pasó de 0.567 en el 2008 a 0.508 en el 2017

El tema de la desigualdad social constituye en la actualidad el centro del debate ideológico y político hasta el punto de que hay quienes sostienen que la mejor forma de combatirla es incrementando los ingresos de los trabajadores, cuyo salario no puede estar por debajo del índice de productividad del trabajo. Mientras que para otros ideólogos es necesario imponer nuevos impuestos al capital o por lo menos obligarlos a que paguen los existentes a fin de lograr una participación equitativa de los trabajadores en la renta nacional.

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El coeficiente de Gini pasó de 0.567 en el 2008 a 0.508 en el 2017

La experiencia práctica e histórica ha demostrado hasta la saciedad que tanto el aumento de los salarios a los trabajadores como la imposición de medidas tributarias a los sectores mas ricos de la población no detienen el proceso de acumulación y reproducción del capital, cuya función principal es producir las máximas ganancias con el mínimo de costo, lo que conlleva irremediablemente a una mayor apropiación de la riqueza social estimulada por la competencia de los monopolios que agencia el gran capital nacional y transnacional en asocio con el Estado capitalista.

Una radiografía de nuestra realidad social nos muestra que a pesar de las cifras del DANE y del mejoramiento relativo de la calidad de vida de los colombianos, de los 50 millones de habitantes que se calcula tiene el país, 10 millones se encuentran en la pobreza extrema y 20 millones pertenecientes a las denominadas clases populares y medias de la sociedad son pobres o se sienten amenazados de perder  sus trabajos, negocios y bienestar social e individual.

Esta circunstancia tiende a profundizar la brecha social entre los colombianos generándose dos tipos de realidades antagónicas y contrarias a los principios e instituciones y convenios internacionales refrendados por el Estado colombiano sobre Derechos Humanos que hacen que la pobreza y la desigualdad social se reflejen de manera patética por ejemplo, en la existencia de una justicia para los sectores más pudientes de la sociedad rodeada de todas las garantías procesales y otra, ineficaz, ineficiente, inoportuna y costosa en donde se ventilan las causas de los ciudadanos comunes y corrientes. Un sistema de salud de mala calidad para las clases y sectores populares y medios de la población y otra que se practica a través de los grandes centros de atención con los mejores y mas avanzados tratamientos médicos, quirúrgicos, hospitalarios y farmacéuticos. Una educación de buena calidad para los hijos de las clases altas y otra para los hijos de los pobres que muy poco les sirve para competir en el mercado de trabajo. Una vivienda para sectores de altos ingresos y otra poco digna para los estratos bajos y medios, todo esto sin contar con el hecho creciente de las gentes que viven en los barrios de invasión y en las zonas de ladera en condiciones infrahumanas y proclives a cualquier tipo de enfermedad. Un caso aparte lo constituye la consecución de trabajo digno en un país en donde el desempleo y la informalidad son fenómenos recurrentes y la conservación del mismo es cada vez más difícil de conseguir.

Y de ahí que la preocupación de los gobiernos de turno sea la de presentar la reducción de la pobreza y de la desigualdad social como el gran logro, que en fin de cuentas se ha convertido en un sofisma de distracción con el cual se pretende justificar los resultados de unas cifras estadísticas que comparadas con las de otros países de la región y del mundo capitalista globalizado son muy pobres desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo y con las cuales se busca ocultar las verdaderas causas que las originan. Y de ahí que el camino a seguir no pueda depender simplemente de implementar políticas asistencialistas y populistas ó de elevar en el mejor de los casos los ingresos de los trabajadores ó provenientes de alguna actividad comercial o relacionada con la economía de los servicios, sino de cambiar radicalmente las condiciones materiales y espirituales en que viven los colombianos impuestas por el régimen capitalista, que se reproducen incesantemente generando una mayor desigualdad y pobreza que no podrán ocultarse con estadísticas oficiales que se utilizan para manipular a la opinión pública, particularmente en este época electoral en la que se define la cabeza del próximo gobierno.

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