Nuestra herencia de la verdad

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 27/01/2018 - 11:29am
Edicion
353

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

4° domingo del tiempo ordinario 

Lecturas:

Deuteronomio 18, 15-20: «Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca

Salmo 95(94): «Ojalá escuchen hoy su voz; no endurezcan sus corazones»

1Corintios 7,32-35: «El célibe se preocupa de los asuntos del Señor»

San Marcos 1, 21-28: «Les enseñaba con autoridad»

Reflexión:

Moisés fue un profeta, esto es, una persona escogida por Dios para hablar en Su nombre. Moisés le dice a la gente que Dios continuara suscitando profetas para guiar a Su pueblo. Todos estos profetas serán símbolo de Jesucristo, «el Profeta», que entregara, de una vez para siempre, la palabra definitiva de Dios. El será, en verdad, la Palabra de Dios encarnada.

En esta lectura, San Pablo no esta preocupado por degradar (o disminuir) el matrimonio, sino por subrayar el significado religioso del celibato. Lo que esta diciendo es que el celibato religioso entraña, tanto como promueve, una manera particular de amar a Dios, exclusivamente y sin la mediaci6n del matrimonio. El celibato religioso implica estar enamorado de Dios, de esa manera.

El Evangelio de este domingo enfatiza la autoridad de las palabras y enseñanzas de Jesús. Esto era de máxima importancia y preocupación en los evangelistas: transmitir en los Evangelios no sólo las enseñanzas de Jesús, sino también el por qué su enseñanza es la verdad absoluta y debe ser aceptada como mandate para la felicidad y salvación humanas. La razón principal, por supuesto, es que Cristo es Dios, la Palabra de Dios hecha carne.

Sus palabras son las de Dios; las únicas que pueden mandar nuestro futuro y nuestra vida: ellas coinciden con el destino humano y su liberación total. Y la autoridad divina de Jesús será subrayada una y otra vez en los evangelios, aún por medio de milagros y por su dominio sobre la creación material y espiritual.

En cuanto a nosotros, lo más importante es que recordemos que esta autoridad de Jesús le fue transmitida a la Iglesia, y que habita hoy en la Iglesia. No podemos oír las palabras personales de Cristo. Pero podemos escuchar a su Iglesia, quien, bajo la protección del Espíritu de Cristo, nos enseña la verdad, el camino y la vida en cuanto a la religión y los valores humanos totales. En las palabras de Jesús: «Quien a ustedes escucha (la Iglesia) a Mí me escucha».

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1.   Cuando predica una persona de la Iglesia, ¿cuál es mi actitud mientras escucho?

2.   ¿Guardo y aprecio la enseñanza cristiana como el valor absoluto de mi vida?

 

 

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