Fiesta de la Santísima Trinidad

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 26/05/2018 - 4:37pm
Edicion
370

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

 

TRIPLE MISION.

Evangelio: San Mateo 28,16-20

Dios ha querido invitarnos a entrar en su misterio. Cuando señala a sus discípulos su misión en el mundo y en el tiempo les dice: Vayan, hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Desde entonces estamos llamados una relación cercana, familiar, ineludible con el Dios Uno y Trino.

Revestido de la suprema autoridad, Jesús trasmite tres órdenes a los discípulos y a todos nosotros: “Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado”.

Dios no es un ser solitario. Dios vive en la más perfecta comunidad. Decimos que en él hay tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Hemos escogido esa palabra «persona» para hablar de Dios a partir de la debilidad y pobreza de nuestro vocabulario para expresar lo divino. Una persona afirma la intimidad, la diversidad y la apertura hacia los demás. En Dios hay diversidad de personas dentro de la totalidad máxima de la unidad. No tenemos, no podemos tener, un ejemplo válido para ilustrarlo. El misterio de Dios nos desborda del todo. Y así debe ser. No podemos poseer a Dios a través de un razonamiento adecuado. Sería un Dios de bolsillo que cabría en la pobreza de nuestra inteligencia. Tal Dios no sería Dios.

Condescendencia divina......

Pero Dios no se ha limitado a vivir su misterio al interior de sí mismo. Ha querido salir de sí y se ha proyectado hacia fuera. Ha elaborado un proyecto grandioso de vida eterna para comunicarlo a su creatura privilegiada, el hombre, nosotros, hombres y mujeres de toda la historia. Su primer paso es dar origen al universo creado, insondable escenario donde va a realizar su proyecto. Las ciencias pueden tratar de esclarecer cómo se originó el mundo. La fe sólo nos dirá siempre: «sin Dios nada existe de cuanto existe».

Romper su íntima soledad, abrir lugar en el espacio, con infinita condescendencia, a creaturas del todo diferentes de sí mismo, querer limitarse, conceder al hombre una libertad que lo hace enfrentarse incluso a su mismo Criador, y en cierto modo escapar a su divino e infinito poder, son interrogantes cruciales para la imagen de Dios que alimentamos en nuestro interior. Y el máximo cuestionamiento que nos debemos hacer es que Dios mismo haya querido asumir la condición de creatura en la encarnación de su Hijo Jesucristo para realizar su máxima comunicación con el hombre.

Dios cercano... con rostro humano

Dios se hace cercano, toma rostro de hombre y comparte nuestra vida. Es Jesucristo, hijo de Dios. No es un visitante pasajero. Se ha hecho compañero de nuestro caminar hacia el Padre. Nos ha llamado amigos. Es nuestro hermano y ha dado su vida por nosotros para abrirnos el camino de la experiencia de Dios. Está presente en su Iglesia que es su Cuerpo. Somos rama de su tronco. Nos habla en su Palabra del Evangelio. Actúa en nosotros en los sacramentos. Se nos acerca en la persona del pobre en el cual quiere ser reconocido, amado y servido.

Quiere ser amado y buscado en nuestra vida. Desde el primer día de su ministerio san Pedro le decía: «Todos te buscan»...

Antes de salir de este mundo nos prometió el Espíritu Santo. A él le confió su Iglesia que somos nosotros. No habita como huésped activo que va formando en nosotros a Jesús. Nos inunda con sus frutos y nos regala sus dones. Nos da el creer, el esperar, el amar, el orar. Silenciosamente en nuestro corazón va construyendo nuestra vida de discípulos del Señor Jesús.

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