La amistad con Cristo

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 16/03/2019 - 10:00am
Edicion
412

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

2° domingo de Cuaresma

EVANGELIO: San Lucas 9,28b-36- “Su rostro se transformó”.

El hombre ha soñado tener en esta vida terrena la experiencia de Dios. La Biblia nos habla de testigos calificados del Dios vivo. Conocemos sus nombres, su tiempo, algo de sus vidas. Abraham, Moisés, Elías, Jeremías, María, Apóstoles y otros muchos. Pero la gran experiencia de Dios, dentro de la humildad de la condición humana, nos la ha dado Dios mismo en Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado. «El es Dios con rostro de hombre» (Benedicto XVI).

La liturgia nos habla en este domingo de cuaresma de esa experiencia, en el signo de la Alianza en Antiguo Testamento y en la Transfiguración en el Nuevo Testamento. De esta manera nos quiere encaminar hacia la Pascua que es el momento máximo de esa experiencia en la Resurrección. Todos estamos llamados no sólo a recordar esos relatos sino a encontrar en ellos nuestra propia experiencia de Dios.

Examinar la Alianza y escuchar al Señor...

Mientras los hombres quieren prescindir de Dios en la construcción de un mundo mejor, el Señor se acerca al hombre para hacer alianza con él y decirle que no es posible un paraíso sin Dios. Mientras que el hombre de hoy se une en alianza con la técnica, el dinero, el poder, el placer, etc. (que son los ídolos actuales), el hombre de fe, el hombre creyente, se une a Dios, hace alianza con él y se compromete con su Palabra; y así se produce el milagro, como con Abrahán:

La Cuaresma es tiempo propicio para examinar nuestra «alianza» con Dios; para reafirmarnos en ella; para ver si está rota o deteriorada y decidirnos seriamente a fortalecerla. La Cuaresma es el tiempo propicio para «escuchar» al Señor, como dice el Evangelio de hoy, y practicar con alegría su Palabra. No podemos dejar pasar la Cuaresma sin reflexionar en ello y sin fortalecer nuestra fidelidad a Dios y nuestra ejemplaridad con los demás.

La subida de Jesús a Jerusalén tiene el nombre de éxodo: interpreta la Pasión de Jesús desde la historia de Israel como algo liberador. El evangelio comienza haciendo referencia a las palabras anteriores de Jesús (anuncio de la pasión, condiciones del seguimiento: No hay Resurrección sin Pasión, no hay seguimiento sin cruz... y esto en Cuaresma. ¿Qué te sugiere? El rostro de Jesús en el Tabor nos hace mirar nuestro propio rostro y ver qué signos presentamos. Nuestras luchas para mantenernos fieles a la alianza, al compromiso con Dios, podría llevarnos al desánimo por lo larga que es y los fracasos cosechados. Por eso, un rayo de luz viene a animarnos. En la Navidad, el profeta Isaías decía: «una luz brillará

en la oscuridad». Jesús se transfigura y la oscuridad de las dudas deja paso a la admirable luz de la certeza de la fe en Jesús: «Yo soy la luz del mundo». Hoy se nos repite la invitación a retirarnos del alboroto diario, como Jesús lo hizo, para disfrutar de la cercanía de Dios. Y en esa cercanía experimentaremos la paz de Dios y diremos como el apóstol Pedro: «bueno es estarnos aquí».

«Mientras oraba...»

En la unión orante con el Padre celestial queda incluida, ni más ni menos, la naturaleza de Jesús palpable y humana. La divinidad eterna alcanza tal intensidad en Jesús, que su corporeidad queda transformada en otro estilo de existencia. Todo el acontecimiento del monte Tabor se apoya abiertamente en el resplandor del Misterio Pascual. Sólo en el período postpascual fueron capaces, los tres apóstoles, de reconocer la significación de la transfiguración prepascual por medio de las manifestaciones de Jesús resucitado. La «gloria» es un anticipo, una indicación previa de la resurrección de Jesús.

Relación con la Eucaristía

En la Eucaristía, especialmente dominical, somos invitados a remotivar y refrescar nuestra condición de discípulos: tenemos que «escuchar» más a Jesús. En Cuaresma y a lo largo del año, domingo tras domingo -día tras día- acudimos a la escuela de este Maestro que Dios nos ha enviado, y él nos va enseñando, con su ejemplo y con su Palabra, el camino de la salvación y de la vida.

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