No se ven los impuestos

Por Nicolas Ramos Gómez el Sáb, 03/02/2018 - 4:39am
Edicion
354

Nicolás Ramos Gómez 

¿Qué porcentaje de los impuestos, los recursos para el funcionamiento del Estado y el desarrollo se pierden en la variopinta corrupción: clientelismo, comisiones, burocracia clientelista, inútil y estorbosa, robos y participación en contratos y compras?. Se puede calcular su pérdida en el orden del 50%, tanto en la Nación, como en Departamentos y Municipios. A ese ritmo ad-infinitum continuaremos en el subdesarrollo: sin justicia, sin seguridad, sin calles en buen estado y sin educación de calidad en escuelas donde en la actualidad los maestros medio informan, pero no forman. Igual hablamos de crecimiento económico vendiendo el futuro, es decir el petróleo que se agotará antes de 10 años.

El Gobierno saca pecho anunciando nuevas carreteras por concesión que en realidad son nuevos impuestos. Mientras los países con altos ingresos mejoran sus ferrocarriles, hasta 300 Kmt/hora, nosotros creemos ser competitivos en el mercado mundial transportando en camiones. Un tren en vía de trocha angosta transporta 500 toneladas de carga cuando una tractomula transporta 30 toneladas, es decir, 17 camiones de doble troque para el mismo volumen. Estas son cifras que indican la diferencia en costos y en competitividad.

La educación o cultura se inicia desde la casa, ello hace la diferencia en la conducta de los pueblos. En Escandinavia no se encuentra un solo papel en la calle, parques o zonas de recreo. Nosotros todo lo tiramos por doquier. Los vándalos destruyen el amueblamiento urbano: tapas de alcantarillas, bancos, luminarias, avisos, redes eléctricas y telefónicas.   

Si los colombianos no exigimos rendición pública de cuentas de los presupuestos invertidos y en detalle, no cuestionamos las malas inversiones, no exigimos que los contratos de mantenimiento se hagan a cabalidad para que todo funcione bien y no combatimos el robo de los impuestos, seguiremos en el subdesarrollo y cada día con menor seguridad y menos calidad de vida.

Tenemos la oportunidad de comenzar a cambiar las cosas en las próximas elecciones. Votar es un deber, pero no por los mismos que con su mal ejemplo vienen arruinando la patria y se les premia votando nuevamente por ellos. El deber es elegir a quienes den garantía que cambiarán las cosas y así luchar contra las maquinarias electorales. Votar en blanco no es solo perder el voto, es ayudar a que no cambien las cosas. No olvidemos que los malos gobiernos los eligen los buenos ciudadanos que no votan.  

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