Más allá del nuevo Código de Policía

Por Carlos José Holguín el Sáb, 14/01/2017 - 3:24pm
Edicion
299

Para una persona que como yo ha tenido bajo su responsabilidad la seguridad y convivencia ciudadana en dos gobiernos, puedo dar fe que manejar tan espinoso tema con el obsoleto Código de Policía de 1.970,  que duro 46 años casi que inmodificable, años en los cuales el mundo entero cambio radicalmente, como saber que apareció el internet y el celular, era tarea de magos, y sino pasaron cosas peores, fue gracias a nuestra Señora de los Remedios generosa patrona de Cali que hizo más de un milagro.

No es posible tener una sociedad organizada, cumplidora de deberes y respetuosa de los derechos del otro, premisa fundamental del orden ciudadano y por ende de la convivencia, sin norma que regule, controle y sancione efectivamente los comportamientos ciudadanos, y eso es ni más ni menos lo que hasta la presente ha sucedido.

Cientos de comportamientos ciudadanos sin regulación efectiva, multas irrisorias de $100 pesos o $75 pesos, de allí la ineficiencia del poder de policía y por tanto la crítica permanente que llueve sobre alcaldes, comandantes de policía y secretarios de gobierno, que terminan siendo diariamente desbordados por una realidad ciudadana que se sale de sus manos no tanto por ineptitud como por la carencia de norma efectiva de policía.

No son pocas las múltiples ocasiones en que la autoridad municipal o de policía termina siendo burlada por arbitrarios o abusivos comportamientos ciudadanos que quedan en la impunidad total, recordemos solamente uno de los más recientes, la celebración de Halloween de los motociclistas en el Tunel de la avenida Colombia, que además de demostrar lo anterior dejo en descubierto la contradicción y casi que nula coordinación entre los organismos de seguridad, consecuencia de la misma carencia.

Pero tampoco podemos ser ingenuos, creer que por la sola existencia de una multa de $390.000 pesos se van a dejar de vender celulares robados, o que la practica bastante arraigada en nuestro medio de orinar en la vía publica se acabara porque hay una multa de $780.000, o que se acabara con la invasión del espacio público porque van a multar a cada vendedor ambulante con $91.927 pesos, o que las rumbas estridentes en nuestras vecindades se acabaran por la multa de $ 184.000 pesos o porque un avezado policía les va a bajar la cuchilla, o que los señores taxistas van a dejar de lavar el taxi en la quebrada del zoológico por temor a la multa de $ 780.000 pesos, es pura ingenuidad.

Esto me lleva a recordar el Comparendo Ambiental que como Secretario de Gobierno implementamos conjuntamente con el DAGMA y la Policía, que impone multas a los comportamientos ciudadanos atentatorios del medio ambiente. Hasta el día que me retire de la Secretaria no había sido posible y creo que sigue sin ser posible, hacer un solo cobro coactivo de ninguna de esas multas, la maraña administrativa, lo hacía casi que imposible con lo cual la norma queda burlada, o sea peor que no tenerla.

De modo que el reto que se tiene es complejo, ya no hay la disculpa por la falta de norma o la obsolescencia de la misma, pero bien sabido es que la norma por sí sola no sirve de nada. Esto va a requerir un esfuerzo y compromiso grande incluso económico de las autoridades locales administrativas y de policía, comenzando con la necesaria socialización y una rápida, ejemplarizante y efectiva imposición de sanciones desde el primer mes de vigencia del nuevo código.

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