El bautismo: consagrados a dios como pueblo

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 14/01/2017 - 5:56am
Edicion
299

Vida Nueva

Segundo Domingo del tiempo ordinario

Isaías 3.5-6: «Te hago Luz de las naciones»

Salmo 40(39): «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad»

1Corintios. 1, 1-3: «La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre»

San Juan 1,29-34: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»

Acabamos de salir de las fiestas navideñas y entramos en el Tiempo Ordinario, la vida «normal» también en el ámbito eclesial. En la Oración Colecta pedimos a Dios: «haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz».

Leemos hoy el segundo de los cuatro «cánticos del Siervo» de Isaías, o mejor, del «Segundo Isaías». No lo leemos entero: sólo los versículos que se refieren a la misión universal del Siervo. El primero de-estos poemas lo leímos el domingo pasado, la fiesta del Bautismo de Jesús. El futuro Siervo es llamado por Dios, ya desde el seno materno, para reunir al pueblo de Israel, desde su dispersión, y a la vez para ser luz de las naciones: «para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

El profeta Isaías está bien consciente de que ha sido elegido por Dios, desde el comienzo, para iluminar a sus hermanos y hermanas y reunirlos en un solo pueblo de Dios. El salmo refleja la actitud de obediencia del Siervo a la voluntad de Dios que, según van diciendo el cántico tercero y cuarto, que leemos en la Semana Santa, se ofrece a sí mismo por la salvación de todos.

El pasaje paulino de hoy es el inicio de la carta, y nos dice quién es su autor (Pablo, apóstol), sus destinatarios (la Iglesia de Dios que está en Corinto, el pueblo santo) y el saludo que les dirige (y que hoy haría bien el sacerdote en repetir al comienzo de la Eucaristía: «la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, sea con vosotros»).

En este breve texto S. Pablo saluda a la comunidad cristiana. Reconoce en ella unpueblo consagrado por Cristo, un pueblo santo. En una palabra, el Pueblo de Dios  previsto por los profetas.

El texto de San Juan es evangelio del Cordero de Dios que borra los pecados del pueblo para convertirlo en un pueblo consagrado a Dios. Este es el Evangelio del bautismo. Bautismo no sólo por agua, sino por el Espíritu Santo, que introduce al bautizado en este Pueblo de Dios.

El Bautismo de Jesús lo cuenta el evangelista Juan con un claro testimonio del Bautista sobre Jesús. Nos dice que al principio «no lo conocía», pero vio cómo el Espíritu bajaba sobre Jesús y así pudo el Bautista anunciar a todos: «este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo... He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él». Más aún, llega a afirmar la identidad más profunda de Jesús: «Este es el Hijo de Dios».

Algunas preguntas para meditar durante la semana

1. ¿Qué hago yo en mis trabajos seculares y demás actividades para poner en ellos valores del Evangelio?

2. ¿Vivo de acuerdo al hecho que el bautismo me hizo "apóstol nato"?

3. ¿Cómo reformular hoy el concepto y la realidad del pecado?

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