La Manifestación Universal del Salvador

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 07/01/2017 - 5:57pm
Edicion
298

Vida Nueva

Epifania del Señor (A)

Isaías 60, 1-6: «La gloria del Señor amanece sobre ti»

Salmo 72(71): «Se postrarán ante Ti, Señor, todos los reyes de la tierra»

Efesios 3,2-3a.5-6: «Ahora ha sido revelado que también los gentiles son herederos»

San Mateo 2, 1-12: «Venimos de Oriente para adorar al Rey»

El pueblo de Dios acaba de salir de la humillación, pero no ha conseguido una restauración total. El desaliento y desánimo parecen apoderarse de las gentes. Por ello, el profeta alza su voz para animar al pueblo diciéndole que la oscuridad del destierro y del pecado ha desaparecido dejando paso a la luz de la salvación. Jerusalén será el orgullo de los pueblos y en ella reinarán la justicia y la paz, sin que haya oscuridad porque recibirá la luz directamente de Dios. Esta profecía se ha hecho plena realidad en Cristo-Jesús que ha nacido para ser «luz que alumbra a todos los hombres de buena voluntad».

El salmo responsorial insiste: «se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra» y habla de los que vendrán desde lejos -Tarsis, Sabá, Arabia- a ofrecer sus dones al «rey», que nosotros vemos como figura del Mesías, que hoy recibe estos regalos de los magos que vienen de lejos.

Si el profeta Isaías invitaba al pueblo de Dios a levantar su cabeza porque comenzaba a brillar la luz sobre ellos, es el Apóstol San Pablo quien manifiesta que la «luz de la salvación» no está reservada para el pueblo judío. Se siente orgulloso de «la gracia que se le ha dado», poder revelar a todos el misterio que había estado escondido desde siempre: «que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo». La salvación es para todos los hombres. Y Jesús nace como «luz de las naciones». San Pablo se encuentra en la cárcel por anunciar la «Buena Nueva» a todas las gentes porque la salvación no es privilegio de un solo pueblo.

Mateo es el único evangelista que nos cuenta el episodio de los magos que vienen a visitar al recién nacido Mesías. ¡Qué diferencia de actitud en las personas! Esos personajes que vienen desde lejos, obedientes a una intuición misteriosa, llegan hasta Jesús, lo reconocen como el enviado de Dios y «cayendo de rodillas, lo adoran». Mientras que las autoridades de Jerusalén, tanto políticas como religiosas, empezando por el rey Heredes -que emprendió la construcción del Templo, pero se hizo famoso sobre todo por su crueldad- se asustan de lo que puede significar esa estrella y ese «rey» recién nacido. Y no saben reconocerle. En estos personajes quedan prefiguradas las dos actitudes ante el evangelio de Jesús: el rechazo por parte del pueblo de Israel y la aceptación por parte de los paganos.

Miremos al cielo buscando nuestra estrella. Nuestra Señora es la «estrella de la mañana». Y que también si nos miran a los cristianos encuentren en nosotros una estrella (un testimonio de luz) que oriente a todos hacia el cielo, hacia Dios nuestro Padre, al igual que la estrella de Belén orientó a los Reyes Magos hasta Jesús.

Cuando en nuestra vida aparezca la oscuridad de la duda, de las dificultades y preocupaciones, de los sufrimientos o tristezas, levantemos nuestros ojos al cielo y se nos mostrará la estrella de Jesús que alumbrará nuestro camino con la luz de su paz.

Algunas preguntas para meditar durante la semana

1. ¿Para quién ha venido Cristo Jesús?

2. ¿Es universal nuestro corazón?

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