La Divina Misericordia - La razón de creer

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 02/04/2016 - 5:20am

Vida Nueva

Por P. Héctor De los Rios L.

Segundo Domingo de Pascua

Hechos 5, 12-16: «Crecía el número de los creyentes»
Salmo 118(117): «Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”.
Apocalipsis. 1,9-11a.12-13.17-19:«Estaba muerto, y ya ves, vivo por los siglos de los siglos»

San Juan 20, 19-31: «A los ochos días se les apareció Jesús»

La resurrección de Jesús es tan importante para nuestra fe, que los cristianos la celebramos durante siete semanas, hasta el día de Pentecostés. La Palabra de este Domingo nos invita a tomar conciencia de nuestra identidad cristiana y de nuestro compromiso serio de ser fermento de transformación de la sociedad en que vivimos.

Somos beneficiarios de la Misericordia de Dios, manifestada de modo pleno en la donación del Hijo, que nos la comunica por su pascua. Esto nos compromete a ser misioneros de la misericordia divina.

El éxito de la predicación de los Apóstoles, y del cristianismo, estuvo basado en dos hechos: la inconmovible convicción de la primitiva Iglesia en la resurrección de Cristo; los muchos milagros realizados por los Apóstoles en favor de los oprimidos, como signo de credibilidad de su misión.

Leemos el comienzo del libro del Apocalipsis. El Apóstol Juan, exiliado a causa de su fe, contempla la Verdad de Dios. En este caso, a Cristo resucitado y su papel en la historia: él es la llave de la historia; está vivo y activo para siempre, es aun Señor de todas las formas de Muerte e Infierno.

Casi todos los Evangelios del tiempo pascual tienen que ver con nuestra actual fe en Jesucristo: como los discípulos después de su resurrección, no podemos ver a Cristo con nuestros sentidos, pero podemos experimentarlo como amor viviente a través de nuestra fe.

Y es definitivamente mejor experimentar a Jesús a través de la fe qué a través de nuestros sentidos: «Tú crees porque me viste. Bienaventurados aquellos que no ven y creen». Hoy no estamos en situación peor, con respecto a Jesús, que los discípulos de su tiempo. Llama la atención que Juan coloque el don del Espíritu el Domingo de Pascua, mientras que Lucas lo anuncia en Pentecostés. Cuando Jesús sopla sobre sus discípulos y les da su Espíritu está reproduciendo el gesto del Génesis. Jesús resucitado es el Nuevo Adán de la nueva creación. Cristo es el Hombre nuevo que, al comunicar el Espíritu, comparte su triunfo sobre el mal y el pecado. Por medio de los sacramentos purificadores de la Iglesia, se prolonga en ella la acción renovadora de Jesús.

Este Evangelio tiene además otro significado importante: Jesús ofrece a los discípulos el don de la paz. La verdadera paz es un don pascual, porque hoy día la paz es tan importante como el amor, y es uno de los frutos del amor.

Para pensar durante la semana:

1. Trate de identificar algunos signos actuales en su vida personal, familiar y social donde puede percibir a Cristo vivo y presente.

2. ¿Tengo conciencia de que la FE es compromiso?

 

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