Gastemos, luego veremos

Por Paloma Valenci… el Sáb, 22/08/2015 - 1:28pm
Por Paloma Valencia Laserna
Senadora de la República
 
Desde el año pasado hemos insistido que era necesario un ajuste fiscal mayúsculo. Las previsiones de ingresos por petróleo y comodities eran una falaz ilusión, los precios iban a la baja y los cálculos de los ingresos del gobierno ya para entonces estaban inflados. Por eso la aprobación de un presupuesto desfinanciado para el 2015 era un terrible error, debimos hacer un presupuesto preciso y un esfuerzo de reducción del ya exagerado gasto público. Aprobado ese desfinanciado plan de gastos no quedaría otra opción que endeudar el país, y cobrar nuevos impuestos; así está sucediendo.

La deuda externa superó los 106 mil millones de dólares, según las proyecciones del Banco de la Republica para el 2015. Esto  representa un 32,9% del PIB, cifra que no veíamos hace más de 10 años. En abril de 2015, la deuda del sector público era de 63,9 mil millones de dólares y  el endeudamiento privado era de 42 mil millones. De abril del año pasado a este abril, nuestra deuda pública externa aumentó en casi 12 mil millones de dólares. La deuda en dólares, que es el 91% de la deuda externa, ha sufrido un incremento dramático por la pérdida de valor del peso; hoy superamos los 3mil pesos por dólar. El Ministro de Hacienda ya anunció que este año nuestra deuda aumentará 3 billones de pesos más.

 La deuda pública interna también es significativa; en lo que se refiere al Gobierno nacional alcanza 208 billones de pesos; y según los datos del Ministerio de Hacienda, la deuda bruta del Gobierno nacional corresponde al 38,4% del PIB proyectado para 2015.

 Las vigencias futuras son otra deuda que se adquiere sin que sea muy notoria. Se aprueban proyectos y su financiación se difiere para los años subsiguientes, apropiando el 15% de los recursos o sin hacerlo, cuando son extraordinarias. Así las cosas, se inician proyectos sin que tengamos los recursos, y esos recursos van a tener que aparecer en el futuro.

Ahora bien, el “ajuste inteligente” que ha propuesto el Gobierno en el presupuesto del próximo año no es, ni tan ajuste ni tan inteligente, si observamos los cambios entre el 2014 y el 2016. La plata se nos irá en empleo público, que del 2014 a este año, crece un 39,1%; lo que excita los apetitos clientelistas. También aumenta el gasto de relaciones exteriores en un 28,4%; lo que nos permite seguir coqueteando con la “comunidad internacional”. Estos gastos no fomentan la economía, mientras que asuntos cruciales como ciencia y tecnología disminuyen 28,6% y medio ambiente y desarrollo sostenible disminuyen 12,2%.

Ante la incapacidad de reducciones reales en el gasto, nos espera una reforma tributaria dizque concertada. No veo como un sector  productivo que ya fue exprimido y que el año pasado pagó 76% de la utilidad operacional, pueda aceptar más impuestos. Una carga tributaria sobre los ciudadanos podría contraer la demanda.

¿De dónde saldrá el dinero faltante: más deuda o más impuestos? El gobierno fue irresponsable en su manejo fiscal y las consecuencias apenas inician.

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