La vivienda en el valle

Por Benjamin Barne… el Sáb, 23/04/2016 - 6:59am

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Univalle y la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, y continua siéndolo en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en Caliescribe.com desde 2011.


En Colombia, un país tan marcado por su geografía, es importante estudiar su quebrado relieve, sus climas tropicales y sus diversos paisajes, en los que se encuentran sus ciudades. Sus tres grandes cordilleras y sus dos largos ríos dividen la mitad occidental, vulnerable a los sismos, en la que hoy habita la mayor parte de su gente, y por lo tanto se trata de geografías regionales que indican como mejorar sus viviendas.

 

Pero igualmente el país se encuentra escindido por su historia, la que la mayoría de los colombianos hoy desconocen pues irresponsablemente se eliminó de escuelas y colegios en lugar de re orientarla hacia sus aspectos culturales, sociales y económicos y no apenas políticos, y por supuesto son historias igualmente regionales, básicas para entender sus ciudades y viviendas actuales, como las del valle del río Cauca.

La cocina, por ejemplo, del latín "coquīna", de "coquĕre" cocer, generadora hace milenios de la vivienda, pues era tanto para cocinar como para calentarse, en el trópico caliente y templado por lo contrario se la separa de las casas para no calentarlas, en un rancho en las haciendas y en el solar en los pueblos, y porque los que cocinan son esclavos. Pero después, con la complejidad de la preparación de nuevos alimentos y el servicio domestico, surge la necesidad de un espacio propio en la casa misma, con estufa y nevera.

Y el comedor, del latín "comedere", no tan antiguo como la cocina, ya es el recinto para comer y hablar, y antes un espacio formal en el que se reunía la familia o se usaba para almuerzos y cenas especiales, y que ahora esta cerca a la cocina y sus ruidos, olores y cuchicheos, separado apenas por una puerta de vaivén. O, recientemente, es una ampliación ¿democrática? de la cocina, como se “estila” cada vez mas.

El cuarto, del latín "quartus", es el recinto para dormir. En la arquitectura hispanomusulmana que llega con los conquistadores al Nuevo Mundo, a inicios del siglo XVI, era, en las casas de una planta de las gentes modestas, pequeño, sin armarios, poco mobiliario y colchones que se recogían por el día. Solo en las de las familias más adineradas, las habitaciones estaban significativamente en un piso superior y amobladas.

El baño, del latín "balneum", viene de las termas romanas que heredaron los musulmanes. En Al-Ándalus del siglo XI las ciudades contaban con baños públicos, llamados "hammám", tan elaborados como los de los palacios reales. Pero desde inicios del siglo XVI, en las partes calientes del Nuevo Mundo, el baño de rio, una costumbre indígena, es el rey de los baños públicos hasta el siglo XXI, por encima de las piscinas importadas de USA, de donde además llegan duchas, inodoros y bidets.

La sala, palabra que puede proceder del portugués con el sentido de lugar para el relax o diversas actividades, o del sánscrito "shala" que significa escuela, genéricamente es el recinto principal de los edificios. Y en las casas de antes es el espacio formal en donde se recibía a las visitas, diferente a la sala comedor unidos de los apartamentos actuales.

En palacios, hoteles y edificios públicos, ya agrandada a salón, es un recinto para reuniones y otros acontecimientos. Salón de actos, de sesiones, de conferencias, de baile; en fin, salón de clases, como igual se denomina el grupo de estudiantes que las toman sin saber su historia ni percatarse de su geografía, tan importantes en barrios como San Antonio, ciudades como Cali y regiones como el valle del río Cauca.

 

 

 

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