La paz urbana

Por Benjamin Barne… el Sáb, 27/02/2016 - 3:36pm

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Univalle y la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, y continua siéndolo en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en Caliescribe.com desde 2011.


Obnubilados por tanto despropósito que se dice de la paz, como que las FARC se van desmovilizar mientras al mismo tiempo se comprometen a no reclutar mas menores de edad, que la prensa reproduce tal cual como si nada, se olvida la paz en las ciudades. De estas mucho se menciona lo de la seguridad y la movilidad, pero muy poco de otros aspectos igualmente importantes, pues afectan la calidad de vida en ellas, pese a que allí vivimos la gran mayoría de los colombianos, y a las que vendrán los supuestamente desmovilizados, que como se vio no piensan dejar sus armas para hacer política.

De la convivencia en los barrios y distintos vecindarios de las ciudades poco se habla, es decir de la vida en compañía de otros con los que se comparten cosas en común, como nada menos que habitar en la misma calle. Lo que lleva a ocuparse de la tolerancia social, que es el respeto hacia las ideas, creencias o prácticas cuando son diferentes o contrarias a las propias, y que en este caso es el derecho al silencio, al menos en las noches, al uso de las calles, tanto sus calzadas como sus andenes, y el respeto por una estética común y tradicional del espacio urbano público.

Comprender que cada cual tiene el derecho a oír la música que guste pero no a imponérsela a todo volumen a los vecinos y menos toda la noche. Que al menos de la media noche a la madrugada hay que respetar el derecho de los otros a dormir en paz. Y considerar que el ruido en el ambiente en ocasiones puede constituir un problema sanitario ya que puede estropear los oídos e incluso afectar “silenciosamente” al sistema nervioso central, como ya probablemente les sucede a muchos de los que abusan del volumen de sus equipos de sonido.

Igualmente hay que entender que los andenes son de uso público y que nadie tiene el derecho a modificarlos ni ocuparlos impidiendo la libre circulación de los otros por ellos, obligándolos a caminar por las calzadas. Por lo que en rigor deberían responder cuando los peatones son atropellados por tener que circular en medio de los carros. Pero igualmente están los que estacionan en frente de los garajes bloqueándolos, lo que viene a ser como una especie de retención, y los que se detienen en la mitad de la calle impidiendo el paso de los otros carros, o los que circulan en contravía.

También hay que comprender que las fachadas de las viviendas, ya sean casas o edificios de apartamentos, pese a ser privadas, su imagen es pública y parte de una calle, un barrio, un sector, y por tanto deben respetar una estética ya establecida en ellos, y que nadie tiene derecho a imponer su gusto en el espacio público, así como las emociones que provoca y los valores que comporta. Mas no quiere decir que todos coincidamos en estimar hermosas las mismas cosas, sino más bien que deben ser aceptables para todos los que las miran.

Finalmente, es preciso entender que el respeto por los otros es el punto de partida de cualquier paz que no sea un cúmulo de mentiras por parte y parte, y de inoperancia oficial, pues al menos en Cali el Dagma al parecer apenas se puede ocupar de bares y discotecas, la Policía siempre esta ocupada en cosas mas importantes, y el Municipio ignora el valor patrimonial de la imagen de lo construido y se ocupa de las vías para los carros mas que por los andenes para la gente. Mientras tanto los vecinos victimas de los atropellos optan por callar, no mirar, taparse los oídos por la noche, y poner mas atención cuando caminan por las calzadas.

 

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