El emplazamiento

Por Benjamin Barne… el Sáb, 31/12/2016 - 8:11am
Edicion
297

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Univalle y la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, y continua siéndolo en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en Caliescribe.com desde 2011.


En ¿Qué es la arquitectura? y 100 preguntas más, 2016, Rasmus Waern (1961- ), quien escribe mucho, y Gert Wingärdh (1951- ), quien diseña mucho (tal vez demasiado), destacados arquitectos suecos (Un libro, El País, 24/11/2016), plantean varios asuntos interesantes para todos sobre las ciudades y sus edificios, los que coinciden con lo mencionado reiteradamente tanto en Cali: ciudad y ciudadanos en Caliescribe.com. como en la columna ¿Ciudad? de El País.

Cuestiones como que  “parece que las ciudades son las que mejor nos van” (p. 37) y por supuesto no hay mas remedio que así sea, y en las que “la arquitectura es un [autorretrato] colectivo” (p. 50) pues “ningún edificio puede evitar un primer plano” (p. 81), y que tal “parece que nunca  nos cansamos de las construcciones ni de las ciudades esculpidas con minuciosidad” (p. 21), aunque en Cali sí que se podría afirmar justo lo contrario, al que la salva su muy esculpido paisaje.

Advierten también que “si el carácter de un lugar es mas impreciso, la responsabilidad a la hora de interpretarlo es mayor” (p. 59) ya que “no existe otra forma de arte que se halle tan arraigada de manera natural a un lugar como la arquitectura” (p. 77) y su tarea fundamental es “crear espacios, incluso en la ciudad” (p. 85). Pero advierten que “la interpretación que afirma que los nuevos edificios deben adaptarse a su entorno es una idea relativamente nueva…” (p. 96).

Por otro lado consideran que “la época contemporánea no siempre exige edificaciones contemporáneas” (p. 6) por lo que “cuanto mas tiempo [duren] los edificios, mejor” ya que “el diseño urbano permanece” (p. 12 y 13) pero que “casi todos los edificios nuevos se construyen donde ya existen otros” (p. 17). De ahí que “…el conflicto entre la conservación y la renovación […] continuará […] pero siempre resulta razonable solicitar que lo nuevo aporte mas que lo que se lleva” (p. 43). Por eso “los edificios residenciales […] deben ser buenos [pero] los públicos […] deben ser distintivos” […] justo lo suficiente para que se los escuche por encima del coro” (p. 54).

Igualmente señalan que “el ambiente lleno de vida de una calle urbana […] depende del numero de personas que se hallan en el exterior, no en el interior de los edificios” (p. 37). “Los caminos son más rápidos; las calles más lentas [y] mientras una calle tiene muchos destinos, un camino sencillamente vincula dos de ellos”  y terminan señalando que “nada ha tenido un impacto mayor en la ciudad contemporánea que el automóvil” (pp. 96 y 97).

Que si bien las normas “evitan que ocurra lo peor [pero] también pueden evitar que suceda lo mejor” (p. 36) “la suma de toda la normativa benevolente puede a menudo conducir a la antítesis de una buena ciudad [y] todos [los] los estándares  bienintencionados con respecto a reducción acústica, seguridad, calidad del aire, luz diurna y aparcamiento llevan  a algo que es una ciudad decente”  (p. 51), y como “una ciudad rara vez está en silencio” (p. 70).

Y como “es posible que la densidad sea una característica distintiva de una ciudad [pero] la proximidad […] es mas importante que la densidad [mas] hay que evitar “ la estrecha dimensión del centro […] y el aislamiento  de los suburbios; [sin embrago] el estilo de sus edificios no ejerce un impacto en [su] funcionamiento [pero si] en la conexión de las calles, los accesos peatonales, los espacios comerciales a nivel de calle, así como otras características expresivas” (p. 51).

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