Calentamiento global y consumismo

Por Nicolas Ramos Gómez el Sáb, 28/10/2017 - 2:24pm
Edicion
340

Por Nicolás Ramos Gómez

El rompecabezas global de energía, agua y alimentación es cada día más difícil de armar ante el creciente desborde poblacional y el agotamiento de los recursos naturales renovables o no, originado en el consumo acelerado de los no renovables (gas, petróleo, carbón, minerales) o el deterioro, sin reposición, de los renovables (bosques, tierras de labrantía, agua, cada día más contaminada de ríos y mares por los millones de toneladas de basura que irresponsablemente con el medio ambiente les arrojamos) y el creciente agotamiento de especies marinas por la pesca indiscriminada. Un ejemplo es el calentamiento y acidificación de los mares por el cambio climático que está causando el blanqueo del coral y su muerte y con ello la desaparición de los arrecifes coralinos de todo el mundo, una de las más bellas formaciones marinas.

Pero ante esta situación de agotamiento y deterioro de los recursos finitos de la humanidad, los gobiernos y organizaciones comerciales e industriales predican como panacea o éxito para la humanidad el crecimiento de la economía. Ello es algo similar al populismo: pan para hoy y hambre para mañana.  Aclaramos lo anterior dado que el crecimiento económico permanente basado en el consumo de unos recursos finitos, es físicamente imposible. En otras palabras, o mejor en conceptos aritméticos, cuando el numerador de un quebrado son los recursos finitos o no y este deja de ser una constante dado que los recursos que lo forman disminuyen y el denominador es la población que crece exponencialmente, es obvio que a cada ser humano le corresponde cada día menos de esos recursos y llegará el día en que será nada.

Para prolongar la vida humana en el Planeta Tierra, antes que exaltar el consumo debemos predicar el ahorro, reciclar al máximo, eliminar el consumo innecesario y llegar a cero desperdicio de comida, energía y agua y algo fundamental: cero basuras. La segunda ley de la termodinámica, no derogable ni por decreto ni por teorías económicas, es clara cuando dice que nada se crea, que todo se transforma; sigue y seguirá vigente.      

 

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