Movilidad en la ciudad

Por Benjamin Barne… el Sáb, 28/07/2018 - 11:48pm
Edicion
379

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Univalle y la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, y continua siéndolo en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en Caliescribe.com desde 2011.


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Los peatones no necesitan “vías” para ellos sino andenes anchos

En Cali, como en todas las ciudades del país, hay que dar mucha más importancia al tema urbano arquitectónico, ya que es el artefacto en el que sucede lo socio económico, es decir, son el escenario de su cultura, como dijo Lewis Mumford (La cultura de las ciudades, 1938). Y con más ética y menos estética, ya lo señaló Massimiliano Fuksas, comisario de la Bienal de Venecia de 2000, es decir, una verdadera estética y no un simple espectáculo muy costoso y poco durable.

Los peatones no necesitan “vías” para ellos sino andenes anchos, llanos, sin obstáculos ni vendedores, libres y arborizados de forma apropiada y regular, con pasos pompeyanos y sin cables aéreos, que además de facilitar su movilización a la sombra, les permita encontrarse con los otros ciudadanos y disfrutar de la belleza que le darían a las calles, que tanta falta les hace debido a su maltrato y obsolescencia inducida que llevan a feas culatas y una exagerada irregularidad de alturas.

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Las bicicletas si que necesitan vías para ellas en las avenidas, como parte de sus andenes

Las bicicletas si que necesitan vías para ellas en las avenidas, como parte de sus andenes, pero separadas de los peatones por su arborización en fila, la que además impediría que se trepen los carros en ellos para estacionar. En las calles de más de dos carriles, demarcar una ciclovía por el de la derecha que además sirva para que los carros y taxis paren a recoger pasajeros y para hacerse al lado al cruzar a la derecha; y en las de un solo carril, que circulen en fila y únicamente por la derecha.

Los carros necesitan un sistema vial completo y permanente que no dependa del cambio de usos del suelo, lo que implica desde luego que este igualmente lo sea, y que abarque toda el área metropolitana de hecho no  limitado apenas al Municipio. Y basado en la continuidad de las vías norte-sur y este-oeste, debidamente demarcadas y desde luego sin huecos, y con cruces a nivel con olas verdes generadas por menos semáforos pero más “inteligentes” y debidamente coordinados.

Los taxis necesitan sitios de espera, los que deben ser obligatorios y propios, no parte de las calles, en todos los usos del suelos que los precisen, como lo son universidades, hospitales, centros comerciales, supermercados. Pero igualmente en las vías públicas, en donde sea pertinente, como en las paradas del tren de cercanías, y no altere su tránsito normal, pues cada vez, como en todas partes, se usaran usarán mucho más los taxis y los bienvenidos carros y bicicletas de alquiler; y se caminará más.

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Las motos, junto con los peatones, son los que más necesitan un sistema integrado de transporte público

Las motos, junto con los peatones, son los que más necesitan un sistema integrado de transporte público, lo que reduciría mucho su actual necesidad, quedando su uso en buena parte concentrado en las afueras de la ciudad, para llegar a las terminales del tren de cercanías y dejarlas allí hasta el regreso. Y controlar, con fuertes multas, que únicamente circulen por los carriles derechos de las vías, y no zigzagueando peligrosamente entre los carros o trepándose a los andenes para estacionar.

El problema es que todo esto es demasiado sencillo para los que ven en la ambigüedad y la improvisación una oportunidad para la corrupción, o que no entienden que “la ética consiste en dar importancia universal a ciertos deseos que son generalizables” como piensa Fernando Brocano (Russel / Conocimiento y felicidad, 2015), o que ingenuamente creen que los puentes, que hace tiempos se entierran en todas partes o se limitan apenas a la periferia, son la solución “ideal”.

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