Problema de todos

Por Carlos Botero el Sáb, 28/04/2018 - 8:17pm
Edicion
366

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Por Carlos Enrique  Botero Restrepo

Arquitecto Universidad del Valle; Master en Arquitectura y Diseño Urbano, Washington University in St: Louis.

Profesor Maestro Universitario, Universidad del Valle. Ex Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle (de2012 a 2015) y Director del CITCE (Centro de investigaciones Territorio Construcción Espacio) de 2006 a 2010.


A propósito de la Quebrada del Burro en inmediaciones de la Comuna 22, que ha sido puesta sobre el tapete en pasados días por la pugna entre quienes impulsan el proyecto de continuación de la calle 13 (Avenida Pasoancho) hasta alcanzar las inmediaciones de La Umbría y la Universidad de San Buenaventura en Pance y quienes defienden el valor ambiental del entorno.

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Lo primero que hay que anotar es que lo peor que se puede aportar a la discusión del asunto es la declaración que se atribuye al alcalde Armitage según la cual la reacción de buena parte de la comunidad contra el proyecto de construcción de la vía, se debe a su rechazo porque frente a sus hogares transiten vehículos que por el momento no lo hacen y que, al ser habilitados, terminarán con el sosiego actual.

Más allá de las pasiones que despierta la discusión sobre la pertinencia del proyecto vial, es necesario considerar dentro de lo hasta ahora expuesto, el significado profundo que la decisión definitiva llegará a tener.

La presión a favor de la prolongación de la calle 13 tiene un fundamento estrictamente funcional: se trata de poder acceder hacia La Umbría y aproximarse a La Riverita

La presión a favor de la prolongación de la calle 13 tiene un fundamento estrictamente funcional: se trata de poder acceder hacia La Umbría y aproximarse a La Riverita sin tener que ir hasta la Avenida Cañasgordas, haciendo un circuito para arribar al área que está “a tiro de escopeta” desde el Lago de la Babilla y con ello desinflar en algo la presión sobre el tráfico de la calle 16. Bajo la óptica del conductor de vehículo particular y, en su sana lógica, esto no tendría discusión.

Lo que olvidan los defensores del proyecto es que el problema no es de funcionamiento de tráfico vehicular. El problema es efectivamente ambiental y desafortunadamente por esto se considera que tal asunto es secundario y que nada tiene que ver con un problema de alcance más profundo: el cambio climático a nivel global. Parece increíble que muchos ciudadanos, afiebrados de la idea de que desarrollo urbano es extensión vial para lograr una movilidad automotriz más eficiente, cueste lo que cueste, identifiquen este proyecto como medio para resolver el tráfico vehicular de esta zona del sur de la ciudad. Si esta fuera la solución parcial, olvidan que desde los años sesenta del siglo pasado, el trazado continuo de la Avenida Circunvalar –con sus posteriores actualizaciones- podría conectar el centro y suroccidente de la ciudad con Pance sin tener que arrasar santuarios ambientales como el que ahora quieren sacrificar.

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¿Quiénes quieren destrozar el ambiente prístino de la Quebrada del Burro? Pues obviamente los urbanizadores, esa red cada vez más compleja de terratenientes, constructores, inmobiliarias, financistas de propiedad raíz –muchas veces en una sola cabeza- que enganchan en sus equipos profesionales a urbanistas dispuestos a argumentar a favor de esta clase de proyectos, un pretendido desarrollo urbano. Confunden desarrollo con el peligroso veneno de la expansión y, sabiendo que tal es una premisa falsa, impulsan para su propio beneficio la destrucción del medio ambiente, pieza por pieza, pedazo a pedazo. La quebrada del Burro es un pedazo de la torta que están devorando los urbanizadores con su negocio inmobiliario.

Así lograron llegar hasta las orillas del Pance, violando normas y principios elementales de conservación del ambiente, pasando por encima de los derechos ciudadanos sobre el libre disfrute del espacio público que son las riveras de los ríos. En su momento, vociferaron reclamando en público que “a Pance hay que densificarlo”. Y lo están logrando.

Si los vecinos de la Comuna 22 logran parar este atropello ambiental, demostrarán que la defensa de la ciudad y de sus partes no es un problema de los habitantes de estratos 1, 2 y 3

Si los vecinos de la Comuna 22 logran parar este atropello ambiental, demostrarán que la defensa de la ciudad y de sus partes no es un problema de los habitantes de estratos 1, 2 y 3. Es un problema de todos los habitantes de la ciudad, por la ciudad.

 

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