Visión de país, no es polarizarlo

Por Moisés Banguer… el Sáb, 26/08/2017 - 3:37pm
Edicion
331

Moisés Banquera Pinillo


Hace más de 6 años el país se sorprendió cuando el presidente Uribe vaticino lo que hoy está ocurriendo en Venezuela, dijo claramente en el 2011, en un programa con Claudia de RCN “Sabes que me preocupa a mí de Venezuela, que allá estén montando otra Cuba, ya no de 11 millones de habitantes, sino de 28 millones”.

En el inicio y durante el proceso de paz, Uribe siempre mostró preocupación por la rendición del ejército, el estado de derecho, de la impunidad

En el inicio y durante el proceso de paz, Uribe siempre mostró preocupación por la rendición del ejército, el estado de derecho, de la impunidad, del recrudecimiento del narcotráfico y del nacimiento de nuevos grupos de violencia. Además que las Farc se burlarían del país y que el embeleco de la paz nos podría llevar al castro – chavismo.

También Uribe se preocupó por la mermelada disfrazada de cupos indicativos, por el ocultamiento de sus tramitadores, por el oscuro repartimiento del presupuesto nacional y por la intromisión del poder ejecutivo en el legislativo y judicial.

Y  el desmonte de los incentivos a la inversión extranjera y a los cultivos de tardío rendimiento, la inseguridad jurídica para invertir a largo plazo, el crecimiento de los impuestos a las empresas y a los consumidores, estuvo siempre en la denuncia pública del ex Presidente, hoy Senador.

Y claramente lo dijo que  por el embeleco de la paz, el ejercito se desmotivara y como consecuencia por esa situacion los delitos menos espectaculares de los grupos ilegales se incrementaran como la extorsión, el atraco, el robo entre otros.

También estuvo en su agenda mediática,  la denuncia sobre la imposición sistemática de la doctrina de la corte constitucional, el enfoque de género que se estaba imponiendo producto de la Habana y otras actuaciones constitucionales,  que desconfiguran el concepto genuino de familia.

Las previsiones tratadas en la parte inicial de este escrito del senador Uribe, no son producto de un loco que quiere polarizar o dividir al país, no son un tema de mero personalismo electoral o de animadversión con Santos, ni son temas de un viudo de poder. Son verdaderas preocupaciones de un líder, de un patriota y de un ex presidente con amplio conocimiento del estado, por lo siguiente:

Nuestra hermana patria de Venezuela está sumida en la peor crisis de su historia, crisis social - humanitaria, hambre, violencia, corrupción, destrucción de la economía, hiperinflación, desinstitucionalización, dictadura, castro – chavismo – madurismo, etc. Crisis que llegó producto de un odio contra la clase dirigente de entonces y la sensación del nacimiento de un populismo basado en la anticorrupción, anti neoliberalismo, el desprestigio de las instituciones y de los partidos.

Los temores y las prevenciones del proceso de paz cada día los hechos ponen en evidencia que no eran fundadas. En las poblaciones donde se sintió con mayor intensidad el terrorismo, si bien hoy no se escucha el espectáculo de los combates, si es notoria la extorción a cualquier actividad económica, es evidente la violencia callejera, sigue la actividad de la minería ilegal y se profundizan los efectos devastadores del narco y micro tráfico. Con una desventaja, como desapareció la insurgencia, el ejército no puede actuar porque son delitos bajo el control de la policía. Fue un proceso que se entregó a cambio de jubilar y visibilizar a los comandantes del secretariado.

Santos, sin estar legitimado por el cariño del pueblo, lo llevó a buscar relección y gobernabilidad a través de la mermelada y el amiguismo.

Santos, sin estar legitimado por el cariño del pueblo, lo llevó a buscar relección y gobernabilidad a través de la mermelada y el amiguismo. Las consecuencias son la mayor podredumbre de corrupción, que como el mismo dice nunca antes vista. Los Ñoños, los Prietos, los Andrade, las impolutas, los morenos, los togados y, faltan los del cartel de la salud, la infraestructura local, y toda la contratación regional.

Santos va a dejar el país en retroceso y su Ministro de Hacienda golpeó  al sector empresarial subiendo los impuestos directos y los indirectos como el IVA, desmontó los incentivos y  acabó con la seguridad jurídica en el inversionista, ahuyentando y debilitando la confianza. Hoy el PIB está creciendo por debajo del 2%, el dólar se sigue fortaleciendo frente al peso, las fábricas empiezan a despedir trabajadores y todas las variables macroeconómicas presentan dificultades.

La grandeza de un país como nación es el fortalecimiento de la familia como unidad social, núcleo de convivencia, basado en la sabiduría natural. En ella, deben fundarse los valores, los principios y la relación con la sociedad y el estado de derecho. Por eso el modernismo y los extremos liberales no pueden cambiar este concepto, por entrometer equivocadamente las pretensiones de las minorías. Ellas tendrán que aceptar que son minorías y no imponer sus costumbres a las mayorías, ni estas deben aplastar los derechos fundamentales y/o colectivos de las minorías.

Al proyectar el estado del arte como va a quedar Colombia al finalizar el gobierno Santos hay que necesariamente buscar un líder que rápidamente enderece el barco y evitar emular lo que está ocurriendo en Venezuela.

El próximo gobierno debe estar liderado por una coalición que tenga como propósito restablecer la seguridad como valor democrático; las instituciones como insignias de la patria basadas en la separación de poderes y colaboración armónica; profundizar la descentralización administrativa como fuente de desarrollo y autonomía regional, replantear las políticas económicas con énfasis en el desarrollo empresarial, el emprendimiento, la industria, la agroindustria, el campo, la confianza inversionista y el empleo formal; el fortalecimiento de la democracia bajo la arquitectura de partidos fuertes, pluralistas y democráticos; él a pegamiento a la familia como eje central de convivencia, solidaridad y amor; derrota total del narcotráfico y la minería ilegal; reforma profunda a la justicia para que funcione en pro de lo justo; y para no ser iluso profundizar la vigilancia y la judicialización con el objeto de reducir la corrupción a sus justas proporciones como dijo Turbay.

Los únicos candidatos hasta hoy que pueden garantizar esto son: Martha Lucía Ramírez, Iván Duque, Luis Alfredo Ramos si lo dejan y si deja el clientelismo Vargas Lleras.

Nota: Mi abuela siempre me decía: “el ingrato no tiene descanso ni en el infierno, siempre la conciencia le estará dando vueltas en el cerebro”. Pues a Santos le llego anticipadamente, ya ni la mermelada detiene a quienes lo quieren abandonar. Pobrecito solo se quedara con su Nobel desprestigiado, con su hijo Martín y con el recuerdo del presidente en su laberinto.

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