La confianza en la providencia de Dios

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 25/02/2017 - 4:28am
Edicion
305

P. Héctor De los Rios L.

Vida Nueva

8° domingo del tiempo ordinario

Isaías. 49,14-15: «Yo no te olvidaré”

Salmo 62(61): «Descansa sólo en Dios, alma mía»

1Corintios 4, 1-5: «El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón»

San Mateo 6, 24-34: «Busquen primero el Reino de Dios y su justicia»(Lc. 16,13; 12,22-31)

El tema litúrgico de hoy es la Providencia amorosa de Dios.

Ya el Antiguo Testamento tiene una profunda conciencia de la cariñosa preocupación de Dios por sus hijos e hijas. El profeta la compara con la preocupación y cariño de una madre, pero va más allá: aun si una madre olvidara a su hijo, Dios jamás olvidará a ninguno de sus hijos.

El texto de San Pablo es un consejo para aquellos que tienen un ministerio en la Iglesia: antes que nada tienen que ser fieles. ¿Por qué? Porque un ministro en la Iglesia -sacerdote, religioso, Religiosa, catequista o lo que sea- representa a Dios, y Dios es siempre fidelidad por amor.

La lectura del Evangelio de hoy sobre el sermón de la montaña es una conmovedora y poética presentación de la Providencia amorosa de Dios .Jesús está diciendo: no se preocupen por lo que necesiten para vivir.  Dios se preocupa de ustedes.

¿Qué quiere decir realmente? ¿Está llamando a la irresponsabilidad o pasividad? ¿No son sus palabras ingenuas? ¿Nos aliena este Evangelio de nuestro esfuerzo por una vida mejor y por promover la justicia para los pobres?

No, Jesús no está llamando a nada por el estilo. Más bien está colocando nuestros corazones en su justo lugar y nuestras responsabilidades y esfuerzos en su justa perspectiva. Lo que Jesús está diciendo es: no debemos estar abrumados o ansiosos sobre el futuro. Nunca debemos desanimarnos. La esperanza en Dios debería ser siempre un elemento importante en nuestro trabajo y planes. Pero debemos, igualmente, empeñarnos y trabajar.

La Providencia de Dios supone el esfuerzo humano. Es como una cosecha. Para tener una buena cosecha debemos sembrar, cultivar, preocuparnos por el campo, regarlo. Pero necesitamos, igualmente, la luz y el calor del sol. Sin el sol no hay cosecha.

La Providencia de Dios es el sol de nuestros esfuerzos y realizaciones .No debemos perder de vista a este sol, y trabajar según eso. Ese es el significado de las últimas palabras de Jesús: «Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás les será dado por añadidura».

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿Tengo en cuenta la Providencia diaria y concreta de Dios al afrontar mis preocupaciones cuotidianas?

2. Piense en casos en que ha experimentado la Providencia de Dios.

Entrevista exclusiva con la Candidata al Senado María Del Rosario Guerra

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