Fiesta de La Navidad

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 24/12/2016 - 5:20am
Edicion
296

Vida Nueva

Por P. Héctor De los Rios L.

Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios

Isaías 52, 7-10: «Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios»
Salmo 98(97): «los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios »
Hebreos 1, 1-6: «Dios nos ha hablado por el Hijo»

San Juan 1, 1-18: «La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros»

El profeta, probablemente el segundo Isaías, nos invita a la esperanza porque Dios viene a Sión, «consuela a su pueblo y rescata a Jerusalén». La promesa se refiere a los tiempos del destierro en Babilonia y a su próximo final. Pero nosotros leemos el pasaje desde la perspectiva de la encarnación del Hijo de Dios.

Si en el AT se hablaba de lo hermosos que son los pies del mensajero que trae buenas noticias, nosotros, los cristianos, podemos leer con más alegría que los oyentes de Isaías el anuncio de que «tu Dios es Rey», o que «ven cara a cara al Señor», o que «verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios». En verdad, «¡qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz!».

El salmo nos hace cantar sentimientos de alegría y victoria: «canten al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas». Los que saben mitrar la historia con ojos de fe, saben estrenar siempre un nuevo cántico.

Dios habló por los profetas, ahora lo hace por su Hijo. La carta es una oración sagrada, con su exordio y su parte doctrinal sobre el misterio de Jesús: el principio y el fin, preexistente y salvador. Los versículos que hoy leemos son como un resumen de toda la  carta y una cristología concentrada: Dios nos ha hablado por los profetas, y ahora lo hace por medio de su Hijo; Cristo es «reflejo de la gloria» de Dios y "sostiene el universo con su palabra poderosa"; es Hijo y Heredero; es superior a todos los ángeles; y ya desde la creación inicial, por medio de él, Dios «ha ido realizando las edades del mundo».

Jesús se hace Luz y Palabra. Dos partes principales en este prólogo: «la Luz brilla en la tiniebla» y «la Palabra se hizo carne», en torno a las cuales giran todas las afirmaciones, con una introducción sobre la Palabra y un final sobre Juan como testigo de la misma.

Jesús como palabra creadora, viva y luminosa y como luz rechazada y aceptada, se hace cercano y distante a la vez, ya que la unidad de su persona se completa con realidades antinómicas aparentemente. Aceptarlo es ser agraciado y vivir en la verdad; rechazarlo es ser condenado y vivir en la tiniebla.

Al hacerse carne se habla de la presencia divina en dimensión humana, cercana, familiar. Ahora, la tienda donde Dios mora con nosotros es Jesús, «lleno de gracia y de verdad» Este Logos se ha convertido en sekinah (= «presencia») de Dios entre nosotros, y ha hecho ver la gloria, la presencia esplendorosa de Dios a los hombres.

Algunas preguntas para reflexionar

1. ¿Cómo expreso la alegría en la celebración de la Navidad?

2. ¿Qué compromiso adquiero, para con mi familia y mi sector, como fruto de la celebración de la Navidad?

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