Conejo en salsa caleña

Por Carlos Botero el Sáb, 23/12/2017 - 5:18am
Edicion
348

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Por Carlos Enrique  Botero Restrepo

Arquitecto Universidad del Valle; Master en Arquitectura y Diseño Urbano, Washington University in St: Louis.

Profesor Maestro Universitario, Universidad del Valle. Ex Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle (de2012 a 2015) y Director del CITCE (Centro de investigaciones Territorio Construcción Espacio) de 2006 a 2010.


Meter conejo se interpreta como el aprovechamiento abusivo en el manejo de un instrumento cualquiera en un proceso cualquiera. En Colombia se ha cambiado el animalito, cuando de legislar se trata, por otro bichito más divertido: el mico, en cualquiera de sus variedades desde tití hasta gorila pasando por orangután y chimpancé.

Es lo que cabe como única explicación frente al tratamiento dado al proyecto del PIMU por el cual se archivó la propuesta presentada por la Alcaldía en días pasados

La versión caleña de la receta se aplica con más frecuencia de lo que se piensa si se le pone la lupa a ciertos acuerdos del Concejo Municipal de nuestra ciudad. Es lo que cabe como única explicación frente al tratamiento dado al proyecto del PIMU por el cual se archivó la propuesta presentada por la Alcaldía en días pasados. Efectivamente, al aprobar el POT en su versión de 2014, alguien cambió una “fracesita” según la cual los Planes Maestros –el PIMU es uno de ellos- deben ser aprobados por Acuerdo Municipal, es decir, el Concejo Municipal no sólo conocerá de ellos sino que podrá hacerle los retoques que considere necesarios.

Este derecho que se abrogaron los concejales es lo que diferencia a Cali de las demás ciudades “mayores” en Colombia en las cuales los Planes –en nuestro caso bautizados Maestros, aunque en el POT versión 2000 se llamaban Planes Especiales- han sido adoptados por decreto, tal y como lo establece la Ley 1083 de 2006. Esto quiere decir que en la Sultana del Valle tiene prioridad para éstos casos lo político por encima de lo técnico. También sirve para explicarse porqué es imposible –o menos posible- ejercer el Planeamiento Urbano como herramienta de manejo del Territorio desde el Departamento Administrativo de Planeación Municipal de Santiago de Cali, que es donde debería brillar con todo su poder el ejercicio del alcalde como verdadero administrador territorial.

Lo peor de todo es que esta situación seguirá presentándose para otros Planes cuya formulación está en proceso y se espera estén listos para finales de 2018. Son el de Espacio Público, el de Servicios Públicos Domiciliares, el de Estacionamientos, el de Ciclorrutas, el de Vivienda y el de Seguridad Alimentaria. El Alcalde de la ciudad no ha hecho otra cosa que tratar de implementar lo que establece el POT por lo cual, si la actitud de palafreneros que asumen los concejales se mantiene, no podrá aparecer en la historia local como el mandatario que fue capaz de crear los instrumentos para el desarrollo urbano de Cali.

La futilidad de las razones que recogen medios locales para explicar el archivo del PIMU sólo sirven para poner en evidencia, una vez más, el casi nulo desarrollo de cultura urbana que nos caracteriza en Cali, por lo cual no nos es posible entender y asumir decisiones inaplazables como aquello de que ha llegado el momento de bajarle la intensidad a la circulación de automotores individuales en beneficio de peatones, ciclistas y usuarios de transporte público masivo, que son los mismos.

Es comprensible que algunos comerciantes que se sienten dueños del espacio público, tengan para su manejo mentalidad de 1940-1990

Es comprensible que algunos comerciantes que se sienten dueños del espacio público, tengan para su manejo mentalidad de 1940-1990 (período de ampliación de calles en el centro de la ciudad para incrementar la capacidad de las calzadas vehiculares en detrimento de peatones) y poder de presión política sobre concejales y sobre algunos funcionarios públicos para que nada cambie y se pueda continuar usufructuando en su propio beneficio lo que es de todos los habitantes de la ciudad. Parece que los compradores de cualquier mercancía, para acceder a ello, tienen que hacerlo en automóvil particular.

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