Sres. Concejales, Cali debe recobrar su biofilia

Por Benjamin Barne… el Sáb, 23/03/2019 - 11:59pm
Edicion
413

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011


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Insistiendo en que lo mejor de Cali es su relieve, clima y vegetación, su singular paisaje y medio ambiente

Insistiendo en que lo mejor de Cali es su relieve, clima y vegetación, su singular paisaje y medio ambiente, hay que hablar de nuevo de la última en tanto vergel, huerto, jardín o, mejor, su combinación, y lo que significaría para sus ciudadanos procurando una mejor calidad de vida. Desde luego considerando el propósito y posibilidades de cada uno, ya se trate de individuos, familias, vecindarios, comunidades o de la ciudad toda, sus ciudadanos, mas sin dejar de tener en cuenta todos los diferentes niveles ya dichos.

Para el ciudadano, el vergel debe ser un huerto con la belleza y recreación de un jardín, que alegre su vivienda y, en tanto cultura, que sea un símbolo y una forma de vida en su ciudad. Disfrutar más la vida de todos lo días; contribuir conscientemente a evitar el cambio climático, de cuyo trastorno ha sido responsable, como lo ha sido de la alteración de la imagen de la ciudad y, finalmente, descubrir que al contario de ruralizar la ciudad se está creando un lazo urbano con la naturaleza y la vida.

Para el cultivador urbano, su huerto debe ser más como un vergel que lo asemeje a un jardín si está cerca de la vivienda o a un espacio publico de la ciudad, en tanto actividad económica sostenible pero pensando en el contexto. La belleza y diversidad de los productos de su cultivo (verduras, frutas y flores) alegrará el trabajo en el y desde luego su venta, cuya “organicidad” evidente estará “certificada” por un entorno que se puede gozar y ver.

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Para el propietario su jardín debe contener un huerto y en lo posible, o en parte, ser un vergel para su vivienda

Para el propietario su jardín debe contener un huerto y en lo posible, o en parte, ser un vergel para su vivienda en tanto disfrute y comida de mejor calidad y más sabrosa, y con la buena conciencia de que contribuye al mejor medio ambiente de la ciudad. Y lo mismo si se trata de un patio, una terraza o una azotea, pero igualmente un balcón o una ventana; solo cambia el tamaño pero no su espíritu. Una sola mata en una sala ya es un huerto y cuando florece un jardín.

Para el arquitecto, en tanto determinantes del proyecto arquitectónico de la vivienda, esta debe incluir en lo posible un vergel, es decir un jardín y un huerto, y siempre pensando en la ciudad. Sobre todo en lo que tiene que ver con balcones y terrazas, y en cómo convertir las feas cubiertas planas en autenticas azoteas, y
las alfajías de las ventanas en materas. Entender que su proyecto puede –y debe- inducir a disfrutar del clima y el paisaje a sus diferentes usuarios en sus diarios recorridos.

Para el urbanista la ciudad debe estar en función de la vivienda y del equipamiento urbano que esta demanda, y este debe incluir alguna forma de jardín, huerto o vergel, en tanto determinantes del proyecto urbanístico a cualquier escala. Al contrario de unirlos cómodamente en “áreas verdes” diferenciarlos así como no debe confundir calles con vías, ni plazas con parques. Igual que lo construido, lo libre comporta diferentes aspectos en tanto su emplazamiento, función, construcción y forma.

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los caleños deben recobrar su biofilia, el instinto de amar la naturaleza

En conclusión, los caleños deben recobrar su biofilia, el instinto de amar la naturaleza (Edward O. Wilson, Los orígenes de la creatividad humana, 1918), y su importancia respecto al cambio climático y la  biodiversidad, resolviendo un poco el problema del hábitat generado por su sobrepoblación. Sería una política liderada por el Concejo Municipal, y una de las determinantes de un plan urbano, económico, social y educativo a largo plazo, que contemple la ciudad en tanto artefacto como lo que sucede en ella.

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