El sentido cristiano de la autoridad

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 21/10/2017 - 9:44am
Edicion
339

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

29° Domingo del tiempo ordinario

Isaís 45,1.4-6: «Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones»

Salmo 96 (95): « Aclamen la gloria y el poder del Señor»

1Tesalonisenses 1,1-5 : « Recordamos la fe, el amor y la esperanza de ustedes».

San Mateo 22,15-21: «Páguenle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Comentario:

El rey Ciro era un hombre poderoso. No era un creyente. Sin embargo, el profeta asegura en esta lectura que su poder viene también de Dios. Y que en el buen uso de este poder Dios realiza sus propios planes de liberación. Al final, sólo Dios es el Señor, que relativiza todo poder humano.

El anuncio del Evangelio se realiza con palabras humanas, nos recuerda S. Pablo, pero es fecundo por la fuerza del Espíritu. Por lo tanto el Señor, que es y actúa más allá de nuestras palabras y de la presencia visible de la Iglesia, es el único arquitecto del Reino.

Los fariseos querían comprometer a Jesús. Lo enfrentan con la cuestión de los impuestos a pagar al imperio romano, símbolo del poder absoluto del César.

Si Jesús dice «sí», aparece aceptando este poder. Si dice «no», aparece como un rebelde. Jesús parece estar en una trampa. La respuesta de Jesús evita esta trampa, y al mismo tiempo coloca la autoridad del César en su lugar con respecto a Dios: "Den al César lo que es del César, pero den a Dios lo que es de Dios". Conclusiones que

Podemos sacar de esta afirmación:

a) el poder temporal y la autoridad están bien, pero son limitados. No pueden ser absolutos. Los derechos de Dios están por delante. Igualmente los derechos humanos de la gente.

b) el poder temporal es un servicio al bien común, especialmente representado por lo sectores pobres y oprimidos de la sociedad. Por lo tanto tiene derecho a usar la autoridad, a cobrar impuestos, etc., pero como un servicio al bien común y no como tributo a su dominio. La justicia y la equidad marcan la diferencia entre el uso y el abuso de la autoridad.

c) la Iglesia y el Estado están destinados a coexistir. Tienen distinta naturaleza y objetivos; mutuamente son autónomos. Así un buen católico puede ser un buen ciudadano, y viceversa».

Pero hay también «áreas de coincidencia» con respecto a la Iglesia y al Estado (educación, matrimonio y familia, derechos humanos, justicia y paz, etc). El ideal es una colaboración mutua, teniendo en cuenta la afirmación central de Jesús en el Evangelio de hoy.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿Cómo uso la autoridad que tengo?

2. ¿Tengo en cuenta la ética cristiana en mis apreciaciones y opiniones políticas?

Búsqueda personalizada