Vientos de guerra

Por Luz Betty Jime… el Sáb, 19/05/2018 - 2:28am
Edicion
369

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.


 

En medio de la multiplicación de los conflictos económicos, políticos, sociales, militares, etc., que afronta el mundo capitalista globalizado de nuestro tiempo, el traslado de la embajada de los Estados Unidos de Norteamérica a la ciudad de Jerusalén, considerada como la nueva capital de Israel, constituye una afrenta al pueblo Palestino que pone en riesgo el buen suceso de la paz en la franja de Gaza con graves consecuencias para la estabilidad de la región convulsionada con semejante decisión y con la cual han estado en desacuerdo la mayoría de los países que integran la ONU.

Por supuesto que el análisis de esta situación de violencia no puede tratarse por fuera de su contexto histórico y sin conocer sus causas y el origen del conflicto que desde tiempo atrás se vive entre el Estado de Israel y el martirizado pueblo Palestino.

De todas maneras no debemos olvidar que las medidas políticas que se toman a nivel internacional pueden ser utilizadas así mismo con fines electorales al interior del Estado, tal como parece ocurrir en el caso del presidente Trump interesado en mantener sus fuerzas políticas ad portas de las próximas elecciones congresionales.

Buena parte de la responsabilidad política por lo que ocurre en dichos territorios, obedece a la injerencia de USA en la política estatal de Israel utilizada como una estrategia neocolonialista, conjuntamente con la estigmatización de los movimientos y partidos políticos que encarnan los intereses del pueblo palestino considerados como terroristas por cada uno de los Estados intervinientes en el afianzamiento del poder político y militar en la región.

Por otra parte, el presidente Trump ha comenzado a amenazar a sus aliados con una guerra comercial, además de querer retirarse del acuerdo climático de Paris y romper el acuerdo con Irán sobre la suspensión de las pruebas y experimentos en materia nuclear, circunstancias estas con las cuales se crean las condiciones para hacer imposible la realización de la paz, convertida en este caso en una simple formalidad, ad portas de suscribirse un acuerdo trascendental entre Corea del Norte y sus tradicionales enemigos de Corea del Sur y de los Estados Unidos, que generaría un nuevo clima de paz para el mundo.

En todo esto juega un papel muy importante la concepción ideológica y política de las partes contendientes de transformar la posibilidad de la paz en una realidad estable y duradera, sin poner en riesgo la seguridad internacional en el cercano oriente y en la península coreana.

Ahora se trata de detener a todos aquellas fuerzas guerreristas que consideran que para lograr la paz a su antojo hay que  preparase para la guerra, en cabeza de los diferentes Estados imperialistas, hechos estos que influirán negativamente en la construcción de la paz.     

En estos momentos los sectores progresistas y democráticos del mundo civilizado deben denunciar las pretensiones imperialistas de los partidarios y voceros de la guerra disfrazada de paz armada que busca destruir los procesos de paz, generando un clima de odio y venganza que conlleva a la repetición de nuevos episodios de violencia, que en este caso no solo comprometen a los países involucrados  sino a toda la humanidad.


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