Santos, Correa y Moreno: los otros culpables

Por María del Rosa… el Mié, 18/04/2018 - 10:43am
Edicion
364
María del Rosario Guerra de La Espriella

Senadora de la República


Es casi como pretender cubrir el sol con un dedo, pero lo intentan con descaro monumental y ausencia plena de respeto a los familiares de las víctimas y a millones de colombianos y ecuatorianos que lamentamos el asesinato de tres periodistas del periódico El Comercio a manos de las mal llamadas “disidencias” de las Farc, es decir, los narcotraficantes de siempre.

Juan Manuel Santos, Rafael Correa y Lenín Moreno, los mismos que guardaron silencio cómplice durante años frente a las acciones terroristas de esta organización

Juan Manuel Santos, Rafael Correa y Lenín Moreno, los mismos que guardaron silencio cómplice durante años frente a las acciones terroristas de esta organización, ahora se rasgan las vestiduras por las consecuencias de sus omisiones. Mentirosos, cobardes… oportunistas.

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Correa, para comenzar: alumno fiel de Hugo Chávez y quien sistemáticamente se negó a reconocer a las Farc como organización criminal

Correa, para comenzar: alumno fiel de Hugo Chávez y quien sistemáticamente se negó a reconocer a las Farc como organización criminal (desde luego jamás las combatió), vía Twitter se preguntó “¿Cómo pudo ocurrir algo así?” al conocerse el múltiple asesinato. Pretende hacer olvidar años de respaldo a los criminales. Pretende que la sociedad olvide su permisividad con el narcotráfico, pretende no tener nada que ver con lo sucedido. Los hombres de las Farc, esos que siempre abrazó, fueron los mismos que acribillaron al reportero Javier Ortega, al fotógrafo Paúl Rivas y al conductor Efraín Segarra. 

Moreno, vicepresidente de Correa entre 2007 y 2013, tampoco habló o actuó frente a las Farc en su momento. Ahora, en calidad de primer mandatario de los ecuatorianos y luego de intentar “negociar” con los “disidentes” la liberación de los comunicadores secuestrados, simplificó la tragedia que él mismo ocasionó con un “estamos sufriendo las consecuencias del conflicto en nuestro hermano país”. El silente escudero no tuvo la decencia de reconocer que su pasividad fortaleció a las Farc en zona de frontera.

se mantuvo como observador del secuestro y solo ordenó la actuación de la Fuerza Pública cuando el asesinato estaba casi que confirmado

Lo de Santos, que ya está grabado en uno de los capítulos más vergonzosos de la historia, parece no tener límites. No conforme con haber otorgado toda la impunidad posible a los ya referidos terroristas e incapaz de combatir a lo que llaman sus “disidencias”, se mantuvo como observador del secuestro y solo ordenó la actuación de la Fuerza Pública cuando el asesinato estaba casi que confirmado. Su primera y patética reacción fue tratar de lavarse las manos, asegurando que el crimen ocurrió en Ecuador y fue cometido por un ciudadano ecuatoriano. Como siempre, la fuerza de la verdad lo obligó a corregir la cómoda versión. Alias “Guacho” (en efecto ecuatoriano) y sus hombres (en su mayoría colombianos) mataron al equipo periodístico en nuestro país.

No importaban el origen de quien ordenó el crimen ni el lugar exacto, sino el hecho repudiable.

Ese es el reducido talante de los presidentes que también son responsables de un drama de trascendencia mundial. Lamentable resumen de lo que ha venido ocurriendo en una zona de frontera en manos de la delincuencia por obra y gracia, mejor, desgracia, de tres cómplices que hoy quieren aparentar decencia.

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