El agua que da vida

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 18/03/2017 - 6:32am
Edicion
308

P. Héctor De los Rios L.

Vida Nueva

Tercer Domingo de Cuaresma

Exodo 17, 3-7: «Danos agua para beber»

Salmo 95(94): «No endurezcan sus corazones»

Romanos 5, 1-2.5-8: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el

Espíritu Santo que se nos ha dado»

Juan 4,3-42: «Si conocieras el don de Dios...»

En este domingo la Iglesia quiere que miremos hacia adelante, hacia la gracia salvadora de la Pascua. Esta gracia supone la renovación cuaresmal, y está simbolizada por el agua que sacia la sed para siempre.

Ese será el tema del Evangelio, introducido por la lectura del Exodo: a través de su Éxodo, el pueblo en el desierto sufrió calor y sed; y esto es un símbolo de la condición humana. Moisés producirá para ellos agua que saltaba de una piedra; y esto es un símbolo de Cristo fuente de gracia.

Para S. Pablo, la gracia liberadora de Cristo es sencillamente el mismo amor de Dios "derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha sido dado". Y este amor es tanto más verdadero y misericordioso, por cuanto nos fue concedido mientras aún éramos pecadores.

De acuerdo con el tema de Cristo como fuente de agua viva, leemos ahora el famoso Evangelio de la mujer samaritana. Destaquemos algunos puntos que resaltan:

c) A fin de renovar la vida de esta mujer. Jesús sigue una pedagogía gradual, con cariño y respeto. Se acerca a la samaritana (odiados por los judíos de ese tiempo), y más aún, le pide un favor. En su diálogo comienza por algo que era familiar para la mujer, el pozo de agua.

b) A partir de esta agua, limitada en su capacidad para saciar la sed. Jesús conduce a la mujer al deseo del agua viva, El mismo, que sacia la sed para siempre. La mujer se interesa por esta agua, que es «el don de Dios».

c) Jesús entonces viene a mostrar a la mujer que no es tan fácil gozar de este don: ello implica que ella debe cambiar las cosas malas de su vida.

d) Al final, Jesús se le revela a sí mismo como la encarnación del don salvador de Dios, el agua viva. La mujer se entrega a Cristo, y comienza su verdadera conversión.

e) Su experiencia de Cristo lleva a la mujer a hacerse apóstol. Va a su pueblo a compartir con otros esta experiencia, a interesarlos en el esperado Salvador que ella acababa de encontrar. Ser apóstol significa compartir con otros nuestra experiencia cristiana; lo cual supone esta experiencia: nadie puede evangelizar a otros si él mismo no está evangelizado. El Evangelio de la mujer samaritana es el Evangelio de Jesús fuente de agua viva, que nos transforma en seguidores y evangelizadores.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿Qué es para mí el apostolado?

2. ¿Cómo procedo para compartir con otros -cuando es pertinente- mi experiencia cristiana?

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