La caridad universal

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 18/02/2017 - 5:36am
Edicion
304

P. Héctor De los Rios L.

Vida Nueva

7° domingo del tiempo ordinario

Levítico 19,1-2.17-18: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo»

Salmo 103(102): «Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre»

1Corintios. 3,16-23: «Todo es de ustedes, ustedes de Cristo y Cristo de Dios»

San Mateo 5,38-48 (Lc 6, 27s.32-36): «Amen a sus enemigos»

El tema litúrgico de hoy es el amor y la misericordia universal En la primera lectura la Palabra nos recuerda los mandamientos de Dios, entregados a Moisés con fraterno amor. Dios está diciendo: «ustedes deben ser santos como yo lo soy». Por lo tanto nunca odien a sus hermanos. Amen a sus prójimos como a ustedes mismos.

San Pablo nos da en este texto la razón profunda del amor fraterno: toda persona es templo de Dios (o está llamado a serlo), y su Espíritu habita en nosotros. Por lo tanto cada persona tiene algo de sagrado; hacerle un daño afecta directamente a Dios, misteriosamente presente en cada persona.

Una vez más, en sus exigencias en el sermón de la montaña, Jesús va más allá de la ley de Moisés. (Supera interpretación de los diez mandamientos hecha `por el Antiguo Testamento. Jesús destaca, por sobre todos, el mandamiento del amor fraterno, e introduce varias novedades:

Primero: La venganza no es cristiana, aun sí está aparentemente justificada. Sus palabras sobre el tema han de ser entendidas en este sentido, y no como una llamada a la debilidad o a la pasividad: «No ofrezcan resistencia a las injurias... cuando una persona te golpea en la mejilla derecha, ofrécele la otra...».

Segundo: Jesús dice que también debemos amar a los enemigos y orar por ellos. Porque si no los amamos y perdonamos, no vamos más allá de la antigua ley (donde el amor y el perdón sólo alcanzaba al pueblo elegido). Y no somos diferentes de los paganos o de cualquier persona común, pues todos son buenos con sus amigos.

¿Y por qué amar y ser buenos con nuestros enemigos y perseguidores? Porque Dios es así, y nosotros somos sus hijos e imitadores. Dios es universal en su caridad; gente buena y mala reciben su vida y sus dones.

Resumiendo, la caridad cristiana no es sólo amar al prójimo como a nosotros mismos («no hagas a los demás lo que no quieres que hagan Contigo»), sino amar al prójimo como Dios lo ama.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿Cuál es mi-actitud con mis enemigos (en el sentido amplió de la palabra)?

2. Dada la ocasión, ¿qué gesto podría yo hacer para expresar perdón a un «enemigo»?

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