El pan que da la vida

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 17/06/2017 - 10:05am
Edicion
321

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

Fiesta del Corpus Christi

Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a: «Te alimentó con el maná que tú no conocías»

Salmo 147: «Te sacia con flor de harina...»

1Corintios 10,16-17: «Aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo»

San Juan 6, 51-58: «Mi carne es verdadera comida, mi Sangre es verdadera bebida»

Comentario: En el libro del Deuteronomio se nombran las pruebas del desierto: hambre, sed, serpientes, de las que Dios libró a Israel por medio de su palabra, expresada en los signos de su protección: el maná, el agua de la roca, las codornices, la nube, la serpiente de bronce. Todo esto se recuerda para exhortar y urgir el cumplimiento de la Ley. En el libro del Deuteronomio se busca una reeducación en la fe del pueblo elegido.

El salmo es de agradecimiento y recuerda algunos de los favores de Dios a su Pueblo: «glorifica al Señor, Jerusalén... te sacia con flor de harina... con ninguna nación obró así» En dos versículos de la primera carta a los Corintios, se resume un aspecto fundamental de la Eucaristía: el sacramento del cuerpo y sangre del Señor crea y realiza constantemente a la Iglesia, cuerpo de Cristo. Mediante la comunión del pan y del cáliz, que es comunión con el cuerpo y la sangre del Señor, constituimos con El un todo, un solo cuerpo. Por esta unión de cada cristiano con Cristo se hace realidad la comunión de cada uno con todos en el Cuerpo de Cristo, que es la comunidad eclesial. Los cristianos ya tenemos nuestra comunión con Cristo Jesús: precisamente en la Eucaristía participamos de El, entramos en comunión con su Cuerpo y su Sangre. No necesitamos buscar otros dioses o diosas con los que celebrar ninguna fiesta.

En el Evangelio, proclamamos la última parte del discurso sobre el pan de vida. Jesús es pan como Palabra de Dios y como víctima sacrificada, que es la idea que prevalece en esta lectura. Jesús emplea un realismo para tratar el tema, que provoca el escándalo en los oyentes. Si antes había afirmado el Señor que «el que crea en Mí tendrá vida», ahora dice: «el que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna»: a la Fe le sigue el Sacramento. Jesús describe los efectos de este sacramento afirmando que el que lo come «habita en Mí y Yo en él», y todavía hace otra afirmación más sorprendente: «así como mi Padre vive y yo vivo por mi Padre, así el que me come vivirá por mí».

 Para meditar durante la semana:

1. ¿Por qué comulgamos?

 2. ¿qué significa en nuestras vidas?

 3. ¿a qué nos compromete?

Búsqueda personalizada