Espacio público efectivo, ¿o afectivo?

Por Carlos Botero el Sáb, 17/03/2018 - 3:26pm
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Por Carlos Enrique  Botero Restrepo

Arquitecto Universidad del Valle; Master en Arquitectura y Diseño Urbano, Washington University in St: Louis.

Profesor Maestro Universitario, Universidad del Valle. Ex Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle (de2012 a 2015) y Director del CITCE (Centro de investigaciones Territorio Construcción Espacio) de 2006 a 2010.


Seguramente el término fue acuñado por un eminente profesional vinculado a labores de planeamiento urbano y comprometido con la redacción de algún documento clave en la estructuración del Decreto 1504 de 1998, uno de los varios desarrollos de la Ley 388 de 1997, la misma que ordenó a todos los municipios colombianos  establecer un plan de ordenamiento de su territorio.

Si el encargo se hubiese asignado a un poeta, éste le habría llamado a tal variedad de espacio público, Espacio Público Afectivo

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Si el encargo se hubiese asignado a un poeta, éste le habría llamado a tal variedad de espacio público, Espacio Público Afectivo. Gracias a su sensibilidad, no habría dudado del papel fundamental que tiene este componente de cualquier estructura urbana en la caracterización específica que hace de cada ciudad, cada pueblo, cada villa (o cada centro poblado como diría el DANE), una entidad única y particular.

Independiente de los calificativos de amable, hermosa, odiosa o terrible, que cada cual –residente o visitante de la ciudad- y según como le vaya en ella le asigne, estos partirán siempre de una relación de afecto, momentánea o permanente.

Pero la redacción de una ley o un decreto, no puede dar espacio a temas sensibleros sino que debe atender problemas prácticos, mensurables y cuantificables. Por esto, el 1504 precisaba en su momento que cada ciudad debería contar en el largo plazo de su respectivo POT (10 años) con un mínimo de 15 metros cuadrados por habitante, atemperando la ley colombiana a las exigencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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atemperando la ley colombiana a las exigencias de la Organización Mundial de la Salud

que llevó a su actual versión de 2014, aclaró en realidad que el promedio era de 2.4 metros cuadrados por habitante

Diez años, ante cierta euforia que levantaba entre urbanistas locales el contar con POT, parecía un plazo adecuado y suficiente para que Cali hacia 2010 le apuntara a la meta propuesta. La historia sin embargo resultó al revés: El Plan Especial del Espacio Público y Equipamientos Colectivos (PEEPEC), encargado por Planeación Municipal a la SCA del Valle en 2006, cuantificó el EPE del área urbana de Cali en 3.8 metros cuadrados por habitante. Le restaban 4 años a la ciudad para superar este índice en busca de la meta establecida por el Decreto 1504, pero la revisión del POT que llevó a su actual versión de 2014, aclaró en realidad que el promedio era de 2.4 metros cuadrados por habitante. Ante la tarea impuesta al Municipio con plazo de diez años, este se toma seis en cuantificar el déficit y otros ocho más para rectificar la cifra y poner la cosa más dramática de lo que parecía. Y el espacio público efectivo, ahí.

MIO no aporta un m2 de espacio público efectivo

no logró incrementar un solo metrico el índice de marras

Pero no es esta historia para reír ni para llorar; aquí de lo que se trata no es de sensiblerías sino de índices, de datos estadísticos. Ahora no se puede esperar milagros pues el proyecto de Metrocali para implementar el Sistema Integrado de Transporte Masivo, trabajando puro espacio público y manejando la más alta inversión en infraestructura de la ciudad en toda la historia de Cali, no logró incrementar un solo metrico el índice de marras.

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no nos digamos mentiras: no es de manera alguna posible solucionar esta escasez dentro de ningún plazo

No nos digamos mentiras: no es de manera alguna posible solucionar esta escasez dentro de ningún plazo. La cosa no es de metros, porque si volvemos a contar nos podemos llevar una sorpresa mayor. Es menester llamar al poeta que nunca fue invitado, para que nos convenza de que afectivamente se puede vivir con lo que de espacio público efectivo contamos. Es un problema de calidad, accesibilidad y conectividad entre plazas, parques y zonas verdes,  que son las tres variables con las que el Decreto 1504 de 1998 define el Espacio Público Efectivo (EPE) .

Y también convertir la necesidad, en una meta cuantificable y realizable en los planes de desarrollo, para que los alcaldes y los concejos, no cedan al interés particular, como se cercenó el espacio público en la remodelación del estadio Pascual Guerrero, en el proyecto de centro comercial aprobado por Mincultura en la plaza de Toros, en decenas de proyectos arquitectónicos construidos en áreas ya desarrolladas y vías omitidas por la gestión de influyentes personajes. También es un problema de cultura y defensa del Municipio de los gobernantes de turno.

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