Preparar el camino al señor

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 16/12/2017 - 9:31am
Edicion
347

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

Domingo 3° Tiempo de adviento - B

Isaías 61,1-2a.10-11: «Desbordo de gozo con el Señor»

Salmo Lucas. 1,46-50.53-54: «Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador»

1Tesalonisenses 5, 16-24: «Que todo nuestro ser sea custodiado sin reproche hasta la parusía del señor»

San Juan 1, 6-8.19-28: «En medio de ustedes hay uno que no conocen»

Reflexión:

Hoy Isaías profetiza sobre el futuro mensaje del Mesías. Es un mensaje de Buena Nueva. Buena Nueva para los que sufren, los pobres, los oprimidos: su liberación está al alcance de la mano. Buena Nueva también para todo el que esté dispuesto a escuchar.

Podemos obtener la reconciliación con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. ("El año de Gracia de Nuestro Señor"). Todo este mensaje se encuentra encarnado en el evento de Navidad.

Los consejos de San Pablo a los cristianos están llenos de riqueza y nos sirven para todos los tiempos. Son muy relevantes aun hoy en día. Subrayemos tan solo el primer consejo, tan significativo en la época de Adviento: "Alégrense siempre". Así como nos da alegría esperar la llegada de alguien a quien amamos, Jesús pronto llegará como el Niño de la Navidad.

Juan el Bautista no es el Mesías, pero él le prepara el camino. No es Elias o el Profeta, pero, como ellos lo hicieron, predica esperanza y conversión. Juan no toma el lugar de Jesús. No es una figura importante, y está listo para desaparecer en cuanto Jesús salga a la vida pública. Por todas estas razones, el Bautista es el ejemplo perfecto del cristiano evangelizador y apóstol.

Ciertamente el evangelizador cristiano tiene siempre presente que está haciendo el trabajo de Dios y no su propio trabajo. El sabe que no puede convertir ni liberar por su propio esfuerzo. La Bondad y la Gracia sólo vienen de Dios. El se sabe instrumento del Espíritu de Dios, preparando el camino para la intervención divina. Por lo tanto, por un lado el evangelizador es humilde (no es la figura central de la evangelización), y por otro lado está lleno de esperanza, sabe que su trabajo es necesario.

Dios lo elige como un instrumento libre y efectivo y siempre productivo aunque no sea capaz de percibir sus frutos: él sabe que la gracia de Dios trabaja más allá de resultados verificables. En síntesis, Juan el Bautista es el símbolo de la Iglesia y su misión.

La Iglesia sirve á Jesucristo y su reino. Prepara sus caminos. La Iglesia predica el mensaje de Jesús y no algo propio. La Iglesia no es Cristo y no puede tomar su lugar, pero la Iglesia se mantiene necesaria como sacramento vivo de la gracia y los caminos de Cristo.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

1. ¿Espero el nacimiento de Jesús como espero la visita de un amigo querido?

2. Cuando trabajo por la Iglesia, ¿me apoyo en Dios o en mí mismo?

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