El Reino como comunión y plenitud

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 14/10/2017 - 11:12am
Edicion
338

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

Lecturas:

Isaias  25,6-10a: «El Señor preparará un festín y enjugará las lágrimas de todo los rostros»

Salmo  23 (22): «Preparas una mesa ante mí...»

Filipenses 4, 12-14.19-20: «Todo lo puedo en Aquél que me conforta».

San Mateo 22,1-14: «A todos los que encuentren invítenlos a la boda».

El tema litúrgico de hoy es el Reino de Dios como banquete, que llega a su plenitud en el cielo. Usando símbolos comunes, el profeta nos presenta el Reino como banquete. Un banquete es plenitud (de comida y vino, según sus palabras). Un banquete es fiesta y alegría: el Señor borrará las lágrimas de la condición humana. *

San Pablo vivió de acuerdo a los valores del Reino, encarnado en su amor a Cristo. Vivió también en la esperanza de la plenitud de esos valores. De ahí su libertad y pobreza interior con respecto a las contingencias de la vida: escasez y abundancia, satisfacción y hambre...

Jesús explicó el Reino de Dios de muchas maneras: usando un gran número de parábolas y comparaciones, para ayudarnos a entender su naturaleza misteriosa, más allá de las categorías mundanas. En este Evangelio compara el Reino a un banquete. Puesto que un rasgo importante del Reino es ser terreno (comienza aquí y ahora) y celestial (sólo se consuma en la vida futura), al mismo tiempo, la parábola ha de ser entendida en estas dos dimensiones. Comparado a la experiencia humana de un banquete, el Reino sugiere:

a) Amistad, fraternidad, comunión. Encontrarse con la gente que uno quiere. Por lo tanto, el Reino es comunión de los hombres con Dios, y de los hombres, entre sí. Este profundo amor en comunión, que está en la esencia del cielo, debería comenzar en nuestra experiencia terrena. Y la Iglesia es el sacramento e instrumento de esta comunión.

b) La comparación sugiere también gozo y felicidad. Ello es propio de un banquete. El cielo es la experiencia de una plenitud de felicidad, de alguna manera anticipada aquí por la esperanza.

c) La comparación sugiere una invitación universal -indiscriminada- al banquete. Sinembargo, muchos invitados rechazan el banquete. Otros tienen cosas más "importantes" que hacer. Al final el rey se dirige a la gente más común y sencilla, pero que está dispuesta a compartir el banquete.

d) La parábola es también aplicable a la Eucaristía. La Eucaristía se celebra en forma de banquete; la Eucaristía es la síntesis del Reino ya presente en la celebración de la Misa, y el Reino por venir aquellos que participan de la Eucaristía no morirán para siempre. Participarán asimismo del banquete eterno. Todo el mundo está invitado a la Eucaristía.

Algunas preguntas para pensar durante la semana: 

1. ¿Qué excusas ponemos para no sentamos a la Mesa del Reino?

2. ¿Hemos comprado campos, o unas yuntas de bueyes, o nos hemos casado?

3. ¿Tenemos tal vez miedo de entender nuestra fe como un banquete de bodas?

 

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