Libertad y orden

Por Nicolas Ramos Gómez el Sáb, 13/04/2019 - 8:52am
Edicion
416

Nicolás Ramos G

Ingeniero Civil , ex gerente de Emcali y ex Presidente de la SMP


Libertad y orden es el lema de nuestra enseña patria, pero cada día es más frecuente que nuestros gobiernos olviden mantener el orden. Sin orden y acatamiento a la ley, no hay libertad. Lo que estamos viendo es como unas minorías, violando los derechos de las mayorías, delinquen y perjudican a los otros. Las mingas periódicas se han vuelto pretexto para pedir supuestos derechos, derechos que también tendríamos todos los que descendemos de esa mezcla de raizales con los conquistadores españoles. Igual la llamada autonomía universitaria ha convertido a las universidades públicas en focos de delincuencia y por falta de control y autoridad, las directivas universitarias se están volviendo cómplices.

La ley y el orden deben tener vigencia, sin excepciones, en todo el territorio de la Nación y todos sujetos a su cumplimiento.

Nuestro desorden comienza con el incumplimiento de las citas y el irrespeto al horario de las reuniones. Las personas cumplidas deben esperar por los incumplidos y así se organiza la cadena del incumplimiento y se desprecia el tiempo de los otros. En los países adelantados el cumplimiento no es solo un deber, es buena educación. El ejemplo lo dan reyes y primeros ministros, siempre están a tiempo en los compromisos. Entre nosotros, Presidente, gobernadores y alcaldes siempre se hacen esperar.

El desarrollo se basa en la eficiencia y esta se logra con el cumplimiento de las normas y los horarios. ¡Qué tal si hiciéramos la cuenta de cuánto cuesta en dinero el tiempo que se desperdicia esperando? Nunca debemos olvidar que la libertad y la calidad de vida solo son posibles con orden. De no cambiar nuestras costumbres nunca lograremos superar nuestro actual ingreso por persona de unos US$ 5.400 cuando los desarrollados, para quienes el tiempo es oro, alcanzan un PIB de hasta US 84.400.

Con el desorden solo crece la anarquía que muchos apoyan para medrar políticamente y otros para robar o dañar. Hoy los dueños del espacio público son los delincuentes y los ciudadanos viven cada día más enrejados y temerosos de salir a la calle. Como bien diría el Dr. Darío Echandía, ya no sale a pescar de noche ni el ánima sola y menos el Busiraco en su caballo negro y gran sombrero alón. 

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